Los límites del derecho a la libertad de expresión y Cassandra Vera

Una de las noticias del día es la sentencia contra la tuitera Cassandra Vega (@kira_95), un año de prisión -que no tendrá que cumplir- por publicar tuits muy polémicos sobre Carrero Blanco y otras personas. Además, le inhabilitan a siete años para cargo público y pierde derecho a ser elegida (sufragio pasivo). En la página Web del CGPJ se puede leer con más detalle y próximamente descargar la sentencia, está pendiente de eliminar sus datos personales, como su nombre legal. En un medio provincial ha salido el mogollón completo.

Antes de nada, quiero dejar clarísima una cosa: estoy bastante lejos de ser sospechoso de ser franquista, y considero que hacer chistes sobre actos terroristas en público es lamentable. Uno en su esfera privada, con sus colegas, puede reírse de quien quiera, pero otra cosa es hacerlo en Twitter, aunque en su momento no te lea ni el Tato.

He leído los tuits polémicos (se pueden leer en Verne) y otros tantos que la figura ha hecho durante los últimos años. Ninguno me ha hecho gracia, y hay más de una perla que podría equipararse al de un contundente adjetivo castellano: gilipolleces. No simpatizo con Cassandra, ni la conozco, pero después de ver las cosas que tuitea, tengo que decir que no me inspira lástima.

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¿Era sádico o eficaz el método egipcio para atajar la alcoholemia en la conducción?

A través de Historias de la Historia me he topado con un episodio del acontecer que debería hacernos reflexionar un poco. Por lo visto, en el antiguo Egipto no se andaban con leches cuando había que condenar a un conductor de carro tirado por caballos por haberse emborrachado y causar daños a terceros.

Un papiro cuenta la sanción que puso un juez a un conductor ebrio que chocó contra una estatua y acabó con la vida de una niña. El infractor fue colgado en la taberna donde se había emborrachado (muy probablemente con cerveza), y se quedó ahí hasta que los animales carroñeros no dejaron ni las sobras. Fue una de las primeras sanciones de tráfico de las que tenemos noticia.

Bajo el prisma del Siglo XXI eso nos puede parecer una auténtica animalada, digna de un pueblo sin evolucionar, pero pensémoslo de esta forma: si esa fuese la condena por beber y causar daños a terceros, ¿habría tantos accidentes siniestros viales como hoy por alcoholemia, o prácticamente nadie se la jugaría? Creo que más bien sería lo segundo. Posiblemente no exista ningún documento -o haya sobrevivido- que muestre estadísticas de accidentalidad de hace 2.800 años en aquel reino, pero sería revelador conocer el impacto de semejante sentencia.

Un sistema legal garantista tiene sus huecos. El hombre moderno prefiere más laxitud, y que nadie pague con su vida por un error tan grande. Dejo para reflexión interna del lector qué sistema legal es más eficac en la prevención de siniestros viales relacionados con el alcohol.

Madrid y sus parquímetros desincentivarán aún más ir a la capital

Muy recientemente conocimos las intenciones del Ayuntamiento de Madrid de declarar la guerra a la contaminación y a poner patas arriba el modelo de movilidad de la capital en pocos años. De todas las medidas anunciadas -30 ni más ni menos- había que leerse el PDF completito de 160 páginas. En él se encuentra la siguiente perla, página 83:

“Horario de prestación del servicio [del SER]: Adecuación de los horarios de regulación en zonas que presentan especiales características de demanda de transporte privado tanto en horario nocturno como en sábados tarde o domingos y festivos.”

Si los parquímetros empiezan a funcionar las 24 horas del día en los pocos sitios de la ciudad a los que tengo que ir, directamente dejaré de ir. Mi coche ultracontaminante no empeorará el problema de Madrid, aunque me haya gastado 3.000 euros en ecotuning para que sea lo más limpio posible (híbrido Euro 5 a GLP, que pasaría Euro 6c con la punta de la nariz). El escape es tan limpio que a veces es más sano lo que sale del tubo que lo que me entra por la admisión.

Sé que mi caso no es representativo, pero lo voy a exponer de otra forma.

Desde que hay que pagar por aparcar en Madrid, he procurado ir a la capital lo mínimo posible, y he tratado de reducir mis incursiones capitalinas al horario en el que no funciona el SER, que los operarios merecen descansar. Mi bolsillo también. Aunque hay que pagar, encontrar aparcamiento en según qué zonas es una odisea. Lo sé, y ser vecino en esos barrios tiene que ser un infierno. Mi coche antiguo ni se me ocurre bajarlo a Madrid, para que me lo arañen aparcando o quede tiznado con porquería aérea, lo dejo donde está.

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Hola, hablo de seguridad vial, ¿cómo puedo llamar tu atención?

El pasado domingo tuve una breve aparición en el programa de televisión “Seguridad Vital” de TVE 1 (a partir del minuto 18:45), el único espacio en el que toca el importante tema de la seguridad vial en la pequeña pantalla. Mantuve una charla con Jesús Soria, responsable de la revista de la DGT, y Ángela Alcover, un conocido rostro de las noticias informando sobre tráfico.

En la charla, que no estaba preparada -y de hecho dura mucho más de lo que se ve- reflexionábamos sobre cómo llamar la atención de la gente, y concretando un poco más, a ti también. Los mensajes de seguridad vial no se lanzan a los espacios etéreos, como la sonda Voyager, esperando que alguna entidad inteligente los capture, entienda y asimile. No, la gente que se dedica a esto quiere contar con TU atención, y lo hacemos por tu bien, el de los tuyos, y el de todo quisqui.

En un mundo en el que hay tanto mensaje, muchos entran por una oreja y salen por la otra. Son mensajes que no van con el receptor, es decir, no entiende que la cosa va con él. Supongo que es lo que piensa el típico que va hablando por el móvil sin un manos libres, pensará que los accidentes son eso que le ocurre solamente a los demás, y que él va con cuidado. ¿Cómo llegar a gente tan cerrada de mollera? A mí y a muchos nos gustaría que nos hiciese caso antes de que se pegue un tortazo.

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Si quieres vender algún día tu coche, esto te interesa

Hay dos tipos de compradores, los que tienen su coche hasta el día que se cae a pedazos (es decir, al desguace), y los que saben que es un amor con fecha de caducidad (es decir, que lo venderán). Un coche puede durar, si está bien hecho, lo que se quiera. Mientras el mantenimiento sea el adecuado y reciba unos cuantos mimos, puede estar en servicio 10, 15, 20… y 50 años. Solo es un problema de dinero.

Puedo poner como ejemplo a Michael Nickl, un empleado de Mercedes, que sigue usando su 200 D (W124) como coche de uso diario. Ha pasado del millón de kilómetros y se ha gastado una media de 4.500 euros al año, durante los últimos 25 años, para tenerlo siempre listo para circular (incluye combustible). Se llama Michael Nickl y hay un interesante artículo sobre él en Mercedes-Blog, aunque está en inglés. Si no, su historia se puede leer en varios blogs nacionales.

Pero la mayoría de la gente no hace eso, y se plantea la propiedad como una etapa. Mantiene su coche unos años, ya sean tres o diez, y luego lo pone en venta. El valor de un coche depende de una barbaridad de factores, aunque los básicos son el kilometraje y la edad. Hay unas tablas que definen esos valores, y de ahí es difícil subir. Lo más fácil es que bajen, hay varios factores que devalúan un coche, por lo que hay que evitarlos.

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La justicia es ciega (tanto si nos da la razón, como si no)

Aunque alguien pueda pensar que ir a la carrera de Periodismo es una pérdida de tiempo y dinero para alguien que lleva ejerciendo 15 años, no puedo decir lo mismo. Una de las cosas más útiles que vienen en el plan de estudios es una introducción al derecho, eso de lo que hablamos todos y de lo que casi nadie tiene ni puta idea.

Resulta que existe una lógica tremenda detrás de cada fallo judicial, cada ley, cada artículo de la Constitución, la jerarquía legal, etc. Luego está aparte el lenguaje jurídico en sí, que por su gran precisión se escapa a la comprensión del ciudadano medio. En estos días estamos hablando mucho de justicia por lo del caso Noos o la condena al pederasta de Ciudad Lineal.

A Urdangarín no le han metido en la cárcel aún -habría sido una medida provisional- y al pederasta le han endiñado más de 70 años de cárcel. Ahora, sin tener ni puta idea de derecho, no puedo decir que la primera condena es injusta y la segunda sí lo es. Justo no significa “la sentencia que yo dictaría”, sino lo que se ajusta a derecho, lo que se ha probado, y aplicado por un experto en leyes. Pregunta jodida: de todas las sentencias de las que has opinado últimamente, ¿cuántas te has leído?

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Por qué deberías hacer copias de seguridad

Estatua Caín mató a su hermano Abel (facepalm)
Caín mató a su hermano Abel – Fotografía: Alex Proimos (Flickr) CC BY NC

Desde muy pequeñito empecé a usar ordenadores, y según fui aprendiendo, le fui dando importancia al tema de hacer copias de seguridad. En esta vida nada es infalible y es mejor tener un plan B. Todas las grandes pérdidas de datos que he tenido en mi vida han sido por causas ajenas, como cuando me robaron un portátil dentro de mi casa -entre otras cosas- o que una caja llena de discos de Amstrad (180 KB cada uno) acabase en la basura en una limpieza materna aleatoria.

Antes de los CD hice copias en disquetes (cuando eso tenía sentido) y en cintas QIC, que te dejará indiferente por no saber qué es. Te lo resumo rápidamente, cintas magnéticas que guardaban 120-250 MB y tardaban dos horas en escribirse o leerse. Desce hace 10 años apenas he grabado discos y he preferido almacenar las cosas en varios discos duros, más eficientes en relación capacidad/precio. En caso de desastre, tengo las espaldas más cubiertas.

Empecé a grabar CD-R hace 20 años. Ahora, si quisiera, podría dejar un ordenador con el contenido exacto de mis discos duros a mediados de 1997-1998, con todas mis partidas, trabajos, etc. Simplemente el ordenador notaría que hay un salto de 20 años en fechas de archivo, solo sería un problema con programas que sufran “efecto 2000”. En esa época un simple disco compacto sobraba para hacer copias, pero claro, hoy día los órdenes de magnitud son más grandes, gigas o teras, y hay que hacer una inversión un poco más grande.

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“La era de la estupidez”, un documental que deberías ver

Recién he terminado de ver un documental de hora y media al que llegué por accidente, y que me ha atrapado sin remedio. He conseguido resistir incluso a las inevitables cabezadas de la sobremesa, y al terminar de verlo, me he preocupado bastante. Pasa lo mismo cuando a uno le sacan de su burbuja y le recuerdan que el mundo no va por el buen camino.

“La era de la estupidez” es una obra de 2009, que se anticipó al año en el que los científicos establecieron el punto de no retorno para reducir las emisiones de carbono, 2015. Sí, han pasado dos años, y preocupa especialmente que el ahora presidente del país más contaminante del mundo piense que el calentamiento global es una patraña. Muy posiblemente ya hemos superado la era contemporánea, y hemos entrado de lleno en la era de la estupidez.

Detrás de la realidad cotidiana de mensajes de WhatsApp, vídeos y GIF de gatitos, youtubers y demás banalidades está la realidad. Nos estamos cargando el planeta más rápido que nunca, y no podemos esperar que la papeleta la resuelvan los políticos, y menos si se vota a los políticos equivocados. Si la gente vota estupidez, estupidez tendrá. Ya dijo Einstein que hablamos de algo infinito, y no se refería al Universo.

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Un punto de vista alternativo sobre el mundo del motor