Aprendiendo a conducir mejor

A lo largo de nuestra vida de conductores, inevitablemente vamos a adquirir algunos vicios y malas costumbres que a veces no serán importantes y otras si lo serán. Cuanto más pasa el tiempo más difícil es corregir esos defectos, y cuanto más “sabe” un conductor, está menos receptivo para que alguien le diga que, lo que lleva haciendo miles de kilómetros, está mal o se puede mejorar. Pongamos como ejemplo meter la mano en el aro del volante, fumar mientras se conduce, no usar los intermitentes en las rotondas, bajar puertos en punto muerto, etc.

Cuando asistí a un minicurso de conducción eficiente, tuve que hacer frente a prejuicios y creencias personales que tenía arrastradas de la autoescuela y de mi propia experiencia. Este artículo va dirigido a los que no creen en las técnicas que bajan el consumo. Les comprendo por que yo pensaba así.

Se trataba de una presentación a la prensa de unos cursos de conducción eficiente que patrocinaba la Comunidad de Madrid dentro de un plan estratégico, lleno de medidas, para mejorar la calidad del aire en la región: Plan Azul. Una de las actuaciones del plan era fomentar estas técnicas entre los ciudadanos. Tras la pertinente rueda de prensa y presentación verbal de los cursos y sus objetivos, llegó el momento de ponerlo en práctica.

El lugar fue el centro de exámenes de Alcalá de Henares, que los conductores noveles de la zona Este de Madrid conocerán bien. Habían puesto a nuestra disposición unas unidades de Renault Mégane 1.5 dCi y 1.9 dCi, estimo que de 85 y 120 CV, diesel. No había coches para todos ni tiempo para que todos los asistentes nos turnásemos para probar las técnicas. Tampoco había dado tiempo a enseñarnos nada, pero en cada coche iba un instructor que nos indicaría en todo momento lo que había que hacer.

Junto a un par de periodistas, me puse al volante de uno de estos coches (un 1.5 dCi si no recuerdo mal) y empecé a seguir las instrucciones del instructor, como si me estuviese examinando otra vez del carnet, aunque con muchísimos menos nervios propios de aquel día. Hasta que no salimos del circuito y nos metimos en zona urbana, apenas tuvo que decirme nada. Fue a partir de entonces cuando empezó en serio.

Por ejemplo, iba circulando por una avenida a 40 Km/h en 3ª, que era a lo que estaba acostumbrado, y me dijo “Aquí mete 4ª”. “¿Cuarta? ¿Aquí? ¡Si se me va a calar!”, pensé para mis adentros. Al fin y al cabo él sabía más que yo, asi que le hice caso. Metí 4ª velocidad y el motor rozaba las 1.000 revoluciones por minuto por encima. Luego me pidió que acelerase con suavidad. Esto me chocó un poco. No sólo no se calaba, sino que era capaz de seguir el mismo ritmo que llevaba previamente.

En otra ocasión, me acercaba a un semáforo en rojo, y ya estaba pensando en 4ª, 3ª, 2ª y detención, lo que “había mamado”. El instructor me dijo que soltase el acelerador y que dejase al coche seguir hasta el semáforo, que no iba a consumir nada (el ordenador de abordo corroboraba lo que él decía) y que si finalmente no se abría estando cerca de él, que metiese segunda y detuviese el coche suavemente. Bien, le hice caso, dejé al coche en 4ª sin acelerar acercarse al semáforo. Antes de alcanzarlo, se abrió y pude continuar la marcha en 4ª. Me ahorré unos cambios y aceleraciones. Esto varias veces a lo largo del día se acaba notando.

Parecía que me había acostumbrado ya a su “rollo”, hasta que me pidió meter 5ª a casi 50, unos 48 Km/h más o menos. “En 5ª aquí el motor se me muere”, pensé, aunque volví a hacerle caso. Como antes, rozando 1.000 RPM y sin problemas, estábamos en llano, lo más normal en zona urbana. Si hubiese habido pendiente ascendente, habría que haber utilizado la 4ª.

Consumo urbano eficiente de un Megane 1.6El paseo duró como unos 20 minutos, y de vuelta en el centro de exámenes, eché una mirada al ordenador de abordo. Había puesto a cero los contadores al subirme en el Mégane para asegurarme de que no me estaban vendiendo la moto. La cifra final fue alucinante, ¡4,2 litros de consumo medio en zona urbana!

Me parecía increíble, por mucho que el coche fuese diesel y de modesta potencia. Las condiciones de tráfico no habían sido especialmente exigentes, pero seguía siendo algo sorprendente. La imagen de la derecha corresponde a lo que veríamos en un Mégane 1.6 de gasolina aplicando estas técnicas.

Mantuve una pequeña charla con el instructor. Me comentó que esto debería enseñarse en la misma autoescuela, pero con los criterios de cambio de la conducción eficiente algunos calarían más los motores y en el examen los suspenderían a todos por “mal uso del cambio”, falta leve, que acumuladas unas cuantas, eliminado. Él era también profesor de autoescuela, y dijo algo que nunca se me olvidará:

“Si, les cobramos para enseñarles a conducir y cuando se sacan el permiso y vuelven aquí, ¿con qué cara les miro? Sé que lo que les enseñé en su momento no era totalmente correcto, pero lo que tenía que enseñarles”. Normal, pensarían seguramente que habían sido estafados, pero no es culpa de las autoescuelas, más bien del sistema en general. En otros países europeos, los noveles aprenden desde el principio estas técnicas y salen a la carretera ya entrenados y concienciados.

Me inculcaron meter la 2ª a unos 20 Km/h, la tercera hasta 50-60 Km/h, la cuarta hasta 80-90 Km/h y a partir de ahí quinta. El coche con el que aprendí era un Volkswagen Golf IV 1.9 TDI de 115 CV, no era precisamente un coche que se asfixiase. Si me presento ahora a un supuesto examen de obtención del permiso y con los hábitos que he asimilado de cambiar según el curso, me suspenderían seguro.

Fuera del ámbito del examen, más de uno te dice “así vas a amariconar el motor”, “pero dale alegría hombre”, “vas a cargarte la caja de cambios”, “recuérdame que nunca te deje mi coche”, etc. Me ciño a los resultados, desde que recibí esa clase y me empapé el manual que nos dieron en la presentación (el manual de conducción eficiente del IDAE), bajo el consumo medio de todos los coches en los que me subo y me duran más los depósitos.

Cuanto antes se cambia el chip, mejor para nosotros. Según crece la experiencia nos volvemos reacios a que nos corrijan, y si quien pretende corregirnos es alguien que tiene 2 años de carnet, es más que probable que no le hagamos ni puñetero caso, por decirlo de forma suave. Los coches modernos son diferentes, y la forma de utilizarlos también debe ser diferente, la “vieja escuela” se ha quedado anticuada.

Pero no se trata sólo de bajar consumo (15-20% de ahorro), se trata de tratar mejor al coche y al medio ambiente. Según el Plan Azul, estas técnicas reportan los siguientes ahorros, comparando con el estilo de conducción “normal”:

  • -15% de CO2 (dióxido de carbono, gas responsable del cambio climático)
  • -78% de CO (monóxido de carbono)
  • -63% de HC (hidrocarburos sin quemar)
  • -50% de NOx (óxidos de nitrógeno)
  • menos emisión de partículas (vehículos de gasóleo sin FAP/DPF), que provocan trastornos respiratorios en las zonas urbanas e incluso cáncer

Del mismo modo que la DGT pide a cada uno estos días razones para ponerse el cinturón o el casco, con la conducción eficiente pasa lo mismo: por gastar menos, por ecología, por comodidad, por placer… Cada uno debe encontrar su razón para aprender a conducir mejor y obtener los indiscutibles beneficios.

Una vez más lo diré. La conducción eficiente no es circular despacio y punto, ni andar tocando “las narices”, ni conducir como un octogenario afable. Se trata de circular igual, pero aprovechando mejor el combustible.

Colgaré más cosas en el blog al respecto, mientras tanto, puedes mirar lo que he ido publicando en el apartado Conducción eficiente.

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52 pensamientos en “Aprendiendo a conducir mejor”

  1. Ya te entendi mejor, me leere el libro , ahora que saque algo de tiempo libre , por curuisidad y posiblemente aprenda algo.

    Un abrazo!


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