Un irresponsable al volante de un clásico

Škoda Octavia (Type 985)

Hacía dos años que lo había adquirido, un viejo hierro de los años 50-60. Me había dado por llevar un coche muy antiguo, para moverlo poquito, solo por sentirme un poco más conectado con la vieja escuela. El primer año apenas se movió, el segundo ya sí lo utilicé un poco más.

Un buen día, llegué a un taller, donde estuve hablando con unos mecánicos, y acabaron preguntándome por mi viejo clásico. Tuve que acabar admitiendo, no sin gran vergüenza por mi parte, que no le había hecho ni la más elemental operación de mantenimiento en dos años. El coche me había costado 2.000 euros, pero mis bolsillos estaban vacíos, y no podía permitirme ni cambiarle el aceite.

Me excusé en el poco kilometraje, menos de 5.000 km en dos años, y que el coche iba “fino fino”. Iba como tenía que ir un coche con más de 50 años encima, con sus achaques, sus ruiditos y su aroma a experiencia. Tampoco era un coche de uso habitual.

Eso es todo lo que recuerdo del sueño que tenía mi mente ocupada cuando me desperté esta mañana. He utilizado la foto de un viejo Škoda Octavia, pero no recuerdo de qué modelo se trataba. Seguramente mi imaginación le dio forma y no era ninguno concreto, aunque en el sueño era de color verde militar un poco desvencijado.

Este pequeño relato encierra una pequeña moraleja: los coches hay que mantenerlos, si queremos que nos duren. Se puede tener el planteamiento de “como solo me costó 2.000 euros, cuando se rompa, se rompió”, o el de “¿realmente puedo permitirme tener un coche así?”. No es lo mismo tener un clásico de 50 años en estado de circular -un logro en sí mismo- que un utilitario de hace 15 años y poco valor de coleccionista, pero creo que el mensaje se entiende.

Más culpable me he sentido en sueños en los que me había quedado un coche de prensa desde hace dos o tres años, que apenas lo había utilizado, y que me daba vergüenza hasta ir a devolverlo. Que por hechos consumados ya era mio. Me levantaba con un mal cuerpo…

Afortunadamente, solo es un sueño, y mi clásico, el Toyota Supra, recibe todos los cuidados que le puedo dar, y cada año tiene su cambio de aceite y filtros por lo menos, mas una revisión genérica por un mecánico. De momento no me ha dado por ir a los 50-60, me costaría mucho renunciar a la dirección asistida, la inyección electrónica o el cinturón de seguridad de tres puntos. Mi paladar automovilístico se ha quedado ahí, de momento, en los años 80.

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2 pensamientos sobre “Un irresponsable al volante de un clásico”

  1. El mantenimiento programado es un pilar básico de la buena salud mecánica de nuestros autos. Empero el gran desafío de los usuarios que pretenden conservar muchos años su auto es la obsolescencia programada y la dificultad para obtener piezas de recambio. Creo que hay una obligación legal por parte del fabricante de un vehículo para proveer repuestos durante x años…pero después, quedas librado a tu responsabilidad. y el problema es mucho más grave cuanto más exclusivo – o poco favorecido por las compras- es el modelo en cuestión.
    Y esto sin ir muy atrás en el tiempo. Quedémonos en tus años 80 por ejemplo. Conseguir repuestos puede ser complicado y más allá de la cuestión estrictamente económica de sostener una cadena de repuestos durante muchos años bien podría uno sospechar que la industria desalienta la posesión prolongada de autos. Es bien claro que la rueda debe seguir girando y nosotros, los esforzados consumidores, comprar lo nuevo y botar lo viejo aunque no nos guste.
    Sabes que fue del Volvo p1800 de los 5 millones de kilómetros?


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