Hace 20 años inventé Blablacar

Blablacar

Allá por 2012 me dio por probar lo de compartir coche, y desde entonces soy usuario de Blablacar, aunque también he usado Amovens y Carpooling en menor medida. Muchos kilómetros en buena compañía casi siempre.

Esta foto se tomó el año pasado, llevé de Valencia a Madrid a dos chicas israelíes que iban a volar al día siguiente, y a un músico murciano. Tuve que cargar el coche hasta los topes porque quien reservó las plazas de las chicas no entendió lo de “equipaje pequeño”; era israelí también. Para mayor risa, íbamos en el Toyota Supra, un 2+2 con el maletero de un utilitario. Cupimos por mi dominio del Tetris. Pero me desvío del tema…

Lo que voy a contar a continuación es muy fuerte y puede hacer tambalearse el sistema. Yo inventé Blablacar. Sí, no es broma, y lo hice cuando aún iba al colegio. Como algo tan fuerte hay que demostrarlo, aporto pruebas. Estaba buscando una cosa en mis carpetas personales y apareció el increíble documento. Agarraos.

Ya se me había olvidado por completo, pero en el curso 95/96, cuando cursaba 7º de EGB, me metí al periódico del colegio como actividad extraescolar. El tema del periodismo me llamó de jovencito, sí. Me dio por hojear el número 1, y me topé con algo que me dejó boquiabierto. La prueba de que si hubiese puesto en marcha la idea antes, igual ahora estaría forrado, como esa patente de motores que garabatee en un folio y poco después patentó Saab. ¡Tampoco es broma!

El periódico del coleEste es el “Periódico del Cole”, número 1, con fecha 4 de junio de 1996. Si nos vamos a la página 5, aparece un artículo firmado por mi que se llama “Viajes compartidos”. Mientras tecleo esto, sigo flipando:

El periódico del coleEl periódico del cole

La propuesta no estaba del todo rematada, había que hablar del tema de compartir los gastos cuando el viajero no tiene coche con el que alternar, pero para salir de la mente de un chaval que estaba a punto de cumplir 13 años… Por cierto, Internet prácticamente no lo usaba nadie por entonces, de ahí el arcaísmo de recurrir a cartas en papel. Ahora que lo pienso, creo que no hubo interesados.

Estoy por pedir a Blablacar derechos de propiedad industrial, si esto fuese Estados Unidos igual podría poner una demanda, y ganarla. Nah, paso, hay tasas judiciales todavía, y creo que los derechos han prescrito, ¿o no?

Diario de Madrid (1791)

En realidad se me adelantaron, concretamente en un periódico madrileño del Siglo XVIII, ya existía esto de compartir los gastos del viaje. Para quien no conozca la anécdota, lee el enlace, no tiene desperdicio.

Espero que esta pequeña nota te haya hecho sonreír un poco. Hay que leerla con un poco de inocencia, que igual alguien me tacha de sobrado y prepotente si ha tenido un mal día.

Vuelta extra: la foto que encabeza el artículo se tomó en un rincón perdido de la N-III, con un tráfico totalmente inexistente, y por la noche. Apagando los faros del coche se podían ver todas las estrellas del firmamento, y ese placer se encuentra a escasas dos horas de coche desde Madrid, en un rincón olvidado por el tiempo. Y aunque no lo parezca, hacía un frío de pelotas. El viaje fue divertidísimo, de los que mejor recuerdo. No volví a saber nada de ellos.

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