Puedes tener un accidente en la puerta de tu casa

Esto seguro que lo has oído más de una vez y te suena a tópico de los tíos coñazo que hablamos de seguridad vial. No hay nada como la experiencia para verificar las teorías, es lo que hace el método científico. De momento he tenido dos casi-accidentes en la puerta de mi casa, y si hubo un tercero, ahora no recuerdo los detalles.

Os pongo en situación. Mi urbanización da a una carretera de red secundaria que une varios pueblos. Tengo un ceda el paso para mi sentido de salida, y un STOP en sentido contrario. Como es lógico, existe línea contínua en esa zona porque es un cruce y adelantar está prohibido por razones evidentes. El límite de velocidad es de 70 km/h.

Hace escasas jornadas, iba con prisa a todas partes. Tuve que hacer una breve parada por mi casa para dejar unos alimentos en la nevera y volver a salir pitando para no llegar tarde a una cena. Como ya era de noche y me conozco mi cruce, al no haber faros no había nadie a quien ceder el paso, me incorporé a capón. Me deslumbran unos faros. Mi carril estaba siendo parcialmente invadido por un idiota total que estaba adelantando en línea contínua en dirección contraria…

No fui consciente de ello hasta prácticamente estar a su altura, porque había mirado hacia mi espalda, ante la asunción evidente de que mi carril estaría despejado si no había tráfico en mi sentido de circulación. No contaba con el factor idiota total. Los espejos retrovisores debieron quedar como a unos 10 centímetros. No hubo tiempo ni de asustarme, todo pasó en un segundo y poco.

No sé si me intentó esquivar, tampoco dispuse de tiempo para esquivarle, debido a eso que se llama tiempo de reacción. Aunque estaba en plenas condiciones psicofísicas, esos tres cuartos de segundo nadie me los quita. Afortunadamente solo nos cruzamos. Afortunadamente, de haber colisionado frontolateralmente, dada la velocidad a la que íbamos los dos, yo me habría bajado del coche ileso, mi Prius siniestro total, y la Renault Kangoo habría quedado más perjudicada. Tal vez el idiota total hubiese salido en ambulancia, pero hay un hospital muy cerca.

¿Qué salió mal? Varias cosas:

  • El idiota total tenía prisa, pero debía tener más que yo, porque inició un adelantamiento en zona prohibida estando permitido hacerlo solo 100 metros más hacia delante. Acababa de salir de una población, su velocidad era excesiva para las circunstancias, aunque solo fueran 20 km/h más
  • Yo tenía prisa, y aunque fui prudente, no contemplé el factor imprevisto, hice el ceda muy rápido sin haber mirado hacia delante, aunque la maniobra fue totalmente legal. Si no hay vehículos a los que ceder el paso, la incorporación se puede hacer. Me expuse a una colisión frontolateral a un equivalente a 60-80 km/h, golpe que teóricamente mi coche soporta a la vista de las pruebas EuroNCAP (40% de solapamiento frontal a 64 km/h).

Agradezco a la fuerza, o a quien sea, que no me haya quedado sin coche habiendo aún un año y pico de plazos por pagar del préstamo. Por cierto, tenga la prisa que tenga, siempre entro al ceda el paso con el cinturón de seguridad abrochado, aunque vaya a torcer a 50 metros en la primera calle que se abre a mi derecha. De no haberlo hecho, podría haber entrado en la incomprensible estadística de gente que, en pleno 2017, aún se sigue matando por no usar el cinturón de seguridad, cuando lleva más de 60 años inventado y demostrando su eficacia.

Como ha quedado patente en mi exposición, incluso teniendo en cuenta toda la teoría y la práctica de la seguridad vial, existen momentos muy escasos en la vida en los que dependes de la suerte, la seguridad pasiva de tu coche, o tus reflejos. Son instantes que se van tan rápido como vinieron, y se quedan en eso: instantes. Ya me puse nervioso despúes de haber tocado el claxon a modo de desfogue.

En cierto modo, me da un poco de vergüenza contar todo esto después de haber escrito un libro de seguridad vial, pero es un recordatorio de que en estas lides nadie está exento de tener un accidente: como cuando Jorge Manrique cantaba a la muerte tras la muerte de su padre, la fatalidad no distingue de clases sociales ni de cualquier distinción artificial entre los hombres. Le puede pasar a cualquiera, incluso a mí, incluso a ti.

No obstante, si te haces con mi libro, las posibilidades de que te pase algo se reducen mucho. En casi 13 años de carné de conducir he tenido muchos casi-accidentes de tráfico, pero en ninguno me he hecho daño alguno ni me he despeinado. Me he librado. Fue una mezcla de saber qué hacer, de la suerte, y de no ponerme nervioso. Los factores imprevistos se pueden reducir muchísimo, pero otra cosa es dejarlos a cero patatero. Si eso mejor vivir en un búnker donde no haya ni cochecitos de juguete…

¿Te ha gustado o te ha sido útil?

Si consideras que esta información merece la pena, y quieres colaborar al mantenimiento de este blog, puedes plantearte hacer una donación con Paypal. No hay mínimo, ni máximo, la voluntad.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

NOTA: Si ves que tu comentario no aparece inmediatamente, es que está en cola de moderación. Me reservo el derecho de autorizar o denegar cualquier comentario que se realice en este espacio, y no admitiré ningún tipo de descalificación, faltas de respeto a otros comentaristas, vulneraciones a la legislación vigente y similares. Por cada comentario que se realiza se guarda la dirección IP, y si hiciese falta, se pasará dicha información a la autoridad competente.

Jamás haré uso comercial de las direcciones de correo que se introduzcan, ni las pasaré a terceros. Sé sincero con la dirección porque de lo contrario no podrás comentar. Además, si necesito ponerme en contacto contigo por el motivo que sea, debe ser dirección válida. Gracias por tu comprensión.