Reflexiones de un estudiante veterano

De vez en cuando está bien echar la vista atrás y ver de dónde viene uno, así tiene más claro a dónde va y dónde está. 2016/2017 es para mi un curso especial como universitario, es la primera vez en siete años que paso un curso limpio, sin recurrir a convocatorias extraordinarias (“recuperaciones”). Además, lo he terminado con unas notas muy buenas en relación al tiempo que le he podido dedicar a las clases, los trabajos y los propios exámenes.

Mientras organizaba el otro día un pifostio monumental de apuntes fueron apareciendo todos mis boletines de notas, trabajos de cuando iba al colegio e instituto (de cuando se gestaban o nacieron mis actuales compañeros de clase)… un poco de todo. Empecé a ser estudiante en 1989, cuando inicié 1º de EGB, equivalente a 1º de Primaria LOGSE. Desde entonces hasta hoy, he estado estudiando, con un paréntesis entre 2008 y 2014, en los que solo me dediqué a trabajar y a echar más horas que un reloj.

En mi historial hay un poco de todo. En mis mejores épocas he sido de notable de media, en las peores he sido de hacer plenos al 5. Me he tirado meses estudiando exámenes que he suspendido, y en la víspera me he empollado otros en los que he sacado notas por encima del 8. He sido estudiante de hacer todos los deberes y hacer otros extra porque me dio la gana, y de no hacer ni el huevo y jugar 7 horas diarias al ordenador. Creo que puedo trasladar algo de mi experiencia a otros, y puede que hasta les sirva de algo.

Los mejores resultados que he tenido tenían que ver básicamente con lo siguiente:

  • me gustaba lo que estaba estudiando
  • mi situación personal era estable y sin sobresaltos

La última temporada de exámenes que he tenido la he llevado con la serenidad que uno puede tener cuando ya ha pasado por lo mismo muchas veces. Esto es como ver las agujas en el médico, la primera vez que me pincharon lloré como una magdalena, ahora no me preocupan tanto. Es más importante ir a un examen relajado que estudiar semanas y llegar hecho un manojo de nervios.

Y esto es impepinable, al menos para mi. Ya me ha pasado más de una vez que en la víspera de un examen he tenido un problema personal que ha sacudido profundamente mi mundo interior, forma prosaica de decir que me jodieron vivo. Obviamente al día siguiente saqué una pésima calificación, porque no estaba centrado en lo que tenía que estar.

La confianza en uno mismo es muy importante. Más de una vez me ha dicho algún compañero que no soy humilde, y en ocasiones así ha sido, añadiría que fanfarrón y sobrado. Una vez salí de un examen fumándome un puro (literalmente) por creer haberlo petado, y mi nota fue 1,2. Diré en mi defensa que el profesor en cuestión me puntuó muy por debajo de lo que merecía, y que me quitó 3-4 puntos porque le caía gordo. De hecho, le hice en convocatoria extraordinaria un examen de 12-14 folios, hasta casi partirme la muñeca, y me puso un 6,1. Merecía un notable como mínimo por ese examen, y la única razón por la que no reclamé un tribunal de corrección fue porque era el día de mi cumpleaños y ya no pensaba perder más tiempo con ese execrable ser.

Es inevitable encontrarse con malos profesores que no califican a uno por lo que sabe, sino por cómo cae, de la misma forma que la vida recompensa con profesores que a uno le incitan a sacar el máximo y se lo agradece toda la vida

Cuando he ido a un examen con inseguridad, como en las cuatro primeras convocatorias de Matemáticas III en mi ingeniería, pasó lo que tenía que pasar, que me llevé una calificación de mierda. Cuando he ido tranquilo y sereno, he visto las preguntas y he sentido alivio, he tenido buenos resultados. El dominio de uno mismo es fundamental, y esto se consigue con el tiempo.

Nunca he sido partidario de ir a un examen de empalmada, así lo único que se consigue es dejar las neuronas hechas papilla y que funcionen por debajo de sus posibilidades. A un examen no se puede ir durmiendo menos de 6 horas. Vale más acostarse a una hora prudente, madrugar y dar el último repaso, que machacarse hasta caer dormido en los apuntes y luego intentar compensar eso con café. Habrá a quien le funcione, pero no lo recomiendo.

Aunque lo ideal es llevar las asignaturas al día y en época de exámenes repasar lo ya consolidado, no siempre es posible. En mi caso tengo que decir que compagino los exámenes con mi trabajo y no tengo todo el tiempo que dispone una persona sin ocupación con sus necesidades cubiertas por sus padres. Desde los 18 años siempre he compaginado los estudios con trabajos de tiempo parcial, ojalá pudiese dedicarme en cuerpo y alma.

Es fundamental, en mi opinión, que las clases cundan, y que uno no se limite a tomar apuntes que no entiende y a calentar la silla. Es mucho más deseable entender de qué va la clase y apuntar las cosas que ya se han entendido, y si hay que levantar la mano, se levanta. Se inventó el desodorante y la depilación para los tímidos. Unos apuntes que suenan a chino sonarán a chino a la hora de estudiar, y lo que no se entiende hay que memorizarlo a capón o en el examen no se podrá explicar uno en condiciones.

Cuidado con las malas compañías, bostezadores y figurantes, distraen a uno de sus objetivos. Para socializar está el exterior del aula, la cafetería, el césped, o la cervecería más próxima

De hecho mis apuntes son más breves que los de la mayoría de mis compañeros. Unas cosas las meto en mi cabeza en el acto, las demás las anoto pero en una versión condensada. Entre eso y mi pésima caligrafía, no soy el mejor compañero para pasar apuntes a los demás, me temo. Sin unos buenos apuntes, no se pueden sacar buenos resultados. Con ese sistema puedo dedicar menos días a estudiar, me suena la música.

Hay asignaturas que las he seguido con pasión, pero también os digo que hay asignaturas que las he asimilado con el mismo gusto que un pato al que ceban para hacer foié con su hígado. De hecho, mientras clasificaba apuntes y los metía ordenadamente en archivadores A-Z me encontré con cosas que haber había dado, pero no recuerdo una puñeta de qué iban. O eso, o alguien que escribe como yo tomó los apuntes y se examinó. Puede que estuviese poseído y todo.

En todo plan de estudios hay asignaturas que se aprenden por puro placer, y otras que son peores que el coito anal no deseado. Pocos estudios tienen un pleno de satisfacción para el alumno. Es lo que hay. Puede que el temario no guste, o que el profesor sea una calamidad, o que haya problemas de logística (véase profesor que sustituye a profesor que sustituye a profesor y se han perdido semanas). Ahí poco se puede hacer. Gajes del oficio.

¿Influye el que uno sea más o menos inteligente? A ver, puedo decir algo con leve sobredotación intelectual (diagnosticada), sí, puede ayudar mucho, pero cuando uno no está motivado no sirve de nada. No es lo mismo tener un don que saber aprovecharlo, o querer aprovecharlo. De hecho, y esto no lo digo por mi, los superdotados a veces tienen un rendimiento académico malísimo porque se aburren en clase y no tienen motivación alguna, y da igual lo listos que sean, que no les renta.

Si todo sale como espero, en 2020 podré decir que tengo dos carreras universitarias (una de ciencias y una de letras), un ciclo formativo de grados superior, bachillerato científico-técnico y haber sobrevivido a la última generación de la EGB y la primera de la LOGSE (empecé en 3º de ESO). Ja, el salto fue espectacular, en 8º de EGB era de notables y en 3º de la ESO saqué repóquer de cincos. Si se me cruzan los cables igual me animo con una tercera carrera, aunque ya saque a mis compañeros… 18 añitos de nada.

¿Consejos? Aparte de lo ya dicho… Es crucial estudiar algo que a uno le gusta. Sí, si me planteo hacer Derecho solo para trincar una buena pasta cuando consiga trabajo de fiscal, abogado o procurador… poder puedo, me costará un infierno y medio, y eso si lo acabo. Contigo pasará lo mismo, los límites los tenemos donde los tenemos, pero en principio la aspiración no nos la puede quitar nadie. Pero más vale estudiar lo que uno realmente quiere, para trabajar en lo que más le llena, aunque luego no se forre. Hay gente tan pobre que solo tiene dinero.

Hay quien plantea perder sus ventialgo en estar estudiando y luego tener un buen trabajo en el que no se pasen estrecheces. Eso hizo un tal Mariano Rajoy, machacarse hasta ser registrador de la propiedad. Y así ha salido, como presidente del Gobierno está perdiendo pasta. Igual nos habría ido mejor a todos si se hubiese dedicado a estudiar filosofía o prosodia hebrea.

Sí, hay carreras que son muy bonitas, cultivan al espíritu y todo eso… y no tienen salidas profesionales

No voy a decir que sean inútiles las filologías, la filosofía o mismamente periodismo… pero a veces hay que pensar de forma un poco más práctica. Si la salida de una carrera determinada es irse al paro, entonces es estudiar más por placer que con ganas de ganarse la vida. Para ese tipo de estudios hay tiempo, uno se matricula cuando sea autosuficiente aunque se convierta en el papi o el abuelo de la clase.

En efecto, llega a ser muy chocante no solo ser el mayor de la clase (y por un margen de 10 años), sino tener profesores que nacieron después que yo y tratarles a veces de usted. Os digo lo mismo que Connor/Duncan McLeod, el inmortal: “te acostumbras”. Uno ya decide después si se va con los compis de fiesta o si se retira educadamente al término de las clases y cuida su hígado y sus horarios de sueño. Es una elección personal.

A mí, desde luego, estudiar me mantiene más vivo y activo que nunca. Me he tirado años soñando con que volvía a las aulas, y cuando me reenganché en 2014 como un oyente, dejé de tener esos sueños. Lo convertí en realidad. Es una de las mejores decisiones que he tomado en los últimos años, así compenso otras nefastas del pasado, y el karma queda equilibrado. He conocido a una gente maravillosa y me ha cambiado la vida.

Deseo mucha suerte a todos aquellos que estén hincando codos para la PAU (antigua selectividad), exámenes de universidad, oposiciones o lo que sea. Confiad en vosotros mismos, tened un mínimo de método, y dejad las apuestas y el juego para otro momento. La sensación de estar en blanco ante una pregunta por no haber mirado aquello que “me habían dicho que no iba a entrar” fastidia mucho, sobre todo cuando de esa pregunta depende un aprobado o un suspensazo.

Podría haber ilustrado este texto con fotos de época, notas… pero ¿sabéis una cosa? Prefiero no ser carne de meme, seguro que se entiende muy bien lo que acabo de decir. Felicidades si lo has leído todo, y si tenías que seguir estudiando, ¡deja de perder el tiempo! 😛

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Un pensamiento en “Reflexiones de un estudiante veterano”

  1. Magnífica reflexión, Javier (como caso todas… Jejejejeje).
    Voy a intentar hacer ver a mi hijo que hay más gente que piensa como yo.
    Un abrazo y sigue reflexionando, por favor.


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