El ciudadano X y el “mi coche me lleva y me trae”

NOTA: imagen a efectos ilustrativos

Seguro que más de uno se va a sentir identificado con lo que va a leer a continuación, o conoce algún ejemplo en su círculo más cercano. Pensemos en el ciudadano X, no importan sus características, ni su sexo, ni a quién vota. Tiene un coche que usa para desplazarse de un lado a otro, un simple medio de transporte que ya no está nuevo ni hay garantías que vigilar. El ciudadano X no sabe nada de mecánica. Tampoco destaca como conductor, trata de cumplir con las normas y no se mete en líos con la Guardia Civil.

El ciudadano X no se preocupa del estado mecánico de su coche. A veces se fía del consejo de terceros -algunos de ellos son “mecánicos”- y cree tener el coche en buenas condiciones. El ciudadano X va al dentista cuando le duele algo, si no, no. El ciudadano X lleva su coche al taller cuando se rompe algo, si no, no.

Lo que el ciudadano X no sabe es que cualquier día puede apuntarse a las estadísticas de la DGT en la sección de anécdotas: accidente por fallo mecánico o de algún elemento del vehículo (el 90% son errores humanos). Los sistemas de seguridad activa y pasiva del coche pueden estar en mal estado por simple negligencia. Contará estadísticamente como fallo mecánico, pero será otro error humano. Nadie le ha dicho al ciudadano X que su coche es un peligro, aunque en la ITV el coche ha ido pasando.

Ford Mondeo (1993)

No es tan difícil encontrar un caso como el que voy a exponer. Un turismo de gama media matriculado hace unos 20 años. Pintura desconchada, anticipo de lo que uno se puede encontrar: neumáticos delanteros fechados en 2008, los traseros en 2002, en los cuatro casos cuarteados, con la banda de rodadura hecha corcho… pero bien de dibujo. En castellano: riesgo enorme de reventón, frenadas alargadas, inestabilidad…

Luz encendida en el tablero de instrumentos, la que más miedo da: “( ! )“. Líquido de frenos en el mínimo. Según el “mecánico” de turno, el coche estaba bien. No quise seguir mirando, emplacé al dueño a ir a una revisión mecánica urgente, tirar esas cuatro ruedas y rellenar líquido de frenos.

Si llego a preguntar por cosas como las suspensiones, me habría echado a llorar. El propietario de este turismo manifestó desconocer cuándo se había hecho el último mantenimiento. El tablero indica que tiene 200.000 kilómetros. Manifestó que le vibra la dirección a 120 km/h. Seguramente no se le ha hecho un paralelo a las ruedas en más de 10 años.

La ITV no es ciertamente ni nuestro papá ni nuestra mamá. Están pendientes de fallos más o menos serios, pero muchas veces dudo de su eficacia real. Si instalo en mi coche un kit de suspensiones diseñado por el fabricante y con todas las garantías, necesito que un ingeniero me estudie y firme un proyecto de reforma, aunque me lo monte un concesionario oficial con todas las garantías. Un sacacuartos, vamos.

Mientras tanto, un coche que tiene 20 años y en el que me daría miedo circular, pasa como si nada. Ya lo dije una vez, los coches viejos no son tan peligrosos si tienen el mantenimiento al día, porque tengo un coche que este año hace 27 y aunque no llevo ya un mantenimiento riguroso, al menos mis ruedas y mis frenos están en óptimas condiciones. Si no, lo daría de baja por mi propio bien.

¿Alguien puede explicarme cómo puede pasar la ITV durante tantos años un coche que tiene los neumáticos en un estado tan lamentable -visualmente solo lo ve un experto- y evidentemente caducados? ¿Es más importante fijarse en si un maldito alerón -accesorio oficial- no está metido en la ficha técnica en un coche seminuevo, o que un coche que va camino de ser un clásico sea un peligro?

Si ni la ITV es capaz de dar toques de atención para que la gente haga un correcto mantenimiento que garantice su más elemental seguridad, ¿quién va a hacerlo? ¿Lo confiamos todo en el sector privado?

En momentos como este me dan ganas de hacer una proposición de norma de corte fascista: el que tenga que pasar la ITV debe aportar una factura sellada de cualquier taller homologado por industria, en la que se especifique que se ha realizado un mantenimiento elemental. Que afecte a todos los coches que superan los 10 años. Si no se ha tenido que cambiar el aceite porque el fabricante permite esperar dos años, que se haya hecho por lo menos una revisión de varios puntos en la que se haya inspeccionado visualmente todo: neumáticos, frenos, fugas de líquido, óxido, niveles… y eso apenas cuesta dinero.

Marcapáginas Tranquilos, que yo controlo

Hace un año estaba terminando mi libro sobre seguridad vial y conducción, y cuando lo estaba haciendo, tenía en mente a gente como el ciudadano X. Es un peligro para él mismo y para los demás, pero no lo sabe. Cree que con conducir de acuerdo a las normas -despistes incluidos por cortesía- es suficiente. Me metería también a hablar de reciclaje formativo, para quien hace más de 10 años que no pisa una autoescuela, pero más de uno me dirá que soy un esbirro de la DGT. La influencia que eso pueda tener en la seguridad vial, ya la hablamos otro día.

Los poderes públicos deben preocuparse de vez en cuando de cosas que al ciudadano normal parecen no importarle o desconoce su importancia. Ya sabemos que fumar mata, tenemos hipersensibilidad hacia todo lo que tiene azúcar (el nuevo mercurio), nos llenamos la cabeza de pajas mentales sobre hábitos de vida saludables (zumos de 10 euros el litro)… y, mientras tanto, el coche que lleva y trae a mucha gente es un tumor para la seguridad vial. La mayoría son benignos, otros evolucionarán en cáncer y acabarán en la estadística anual de la DGT.

¿Y de quién fue la culpa?

Hago demasiadas preguntas.

Moraleja: si no recuerdas cuándo hiciste el último mantenimiento a tu coche, llévalo a un taller a que le metan un buen repaso. Puedes estar en grave peligro y no tener ni idea. Si es un caso leve, lo peor que te pasará es que el coche te deje tirado en el arcén cuando quieras irte de vacaciones. Lo peor… eso lo dejo a tu imaginación.

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