Economía, Reflexiones

Que el Gobierno recompre las licencias VTC es una barrabasada

Skoda Rapid taxi
Skoda Rapid taxi en Madrid – Fotografía de Francisco Anzola (Flickr) bajo Creative Commons

La revolución en el transporte ya ha llegado, y la realidad cotidiana de ciudades como Madrid y Barcelona es tener un ejército de coches discretos que llegan gente de un lado a otro. No son taxistas, sino VTC (vehículos de turismo con conductor). Detrás de esos viajes hay dos plataformas hegemónicas que ligan clientes con VTC, Cabify y Uber, profundamente odiadas por el sector del taxi; en el argot esos coches son las “cucarachas”. En Motor.es hablé recientemente del tema.

Desde 1987 se impuso una relación 1 VTC/30 taxis, de la época en que los VTC eran poco más que limusinas. Ese límite quedó roto por la llamada Ley Ómnibus (Ley 25/2009, de 22 de diciembre), que fue rectificada en 2013 por la Ley Orgánica de Transportes Terrestres (LOTT, Ley 9/2013, de 4 de julio) por el PP y materializada por el Real Decreto 1057/2015, de 20 de noviembre. Entonces volvió el límite 1/30, pero está totalmente roto de facto.

Los jueces están dando la razón a quienes solicitaron licencias VTC de 2009 a 2013, por lo que ahora hay en algunos sitios una relación 1/10. Por mucho que los taxistas protesten nada de eso va a cambiar, y los jueces siguen concediendo licencias aunque ya no se expida ni una más en cumplimiento de la ley vigente. Ha llegado una propuesta nueva, si no se puede evitar que esas licencias existan -ahí el Gobierno ni pincha ni corta-, pues que las recompre.

Algunos taxistas quieren su propio “rescate”, 70.000 licencias o 100.000 familias

La idea puede parecer buena en su primer párrafo, pero me temo que es impracticable. Las licencias VTC se han otorgado por precios simbólicos, 30-40 euros, pero su cotización en el mercado secundario es de unos 45.000 euros. Puede parecer una salvajada, pero tampoco hay que olvidar que algunas licencias de taxi se dieron por prácticamente nada y hay taxistas que han pagado más de 140.000 por las suyas. Por ejemplo, el conocido como “Peseto loco” (@PesetoLoco) pagó 180.000 por la suya; eso es una hipoteca.

En un país donde hay déficit galopante (la deuda privada y pública supera el 100% del PIB), hace falta dinero para todo y hay que endeudarse para pagar las pensiones, esto es una locura. Entiendo que se pida más dinero para la prevención de incendios en Galicia, que la Policía Nacional y la Guardia Civil cobren lo mismo que mossos o ertzainas, o que se destinen 800.000 euros para el tratamiento de una enfermedad rara de un niño.

Lo que no me cabe en la cabeza es que se incurra en un gasto público brutal para evitar que un sector que no se ha adaptado a los nuevos tiempos tapone sus vías de agua antes de hundirse. Lo que el taxi necesita es liberalización y competitividad, y eso no lo dice el nene, sino un señor de la CNMC: Antonio Maudes, ex director del Área de Promoción para la Competencia. Podéis leerlo en El Mundo en “Hacia el rescate de 69.972 taxistas”.

Recomprar unas 3.800 licencias VTC “excedentes” a precio de mercado superaría los 150 millones de euros

Sé que con estas palabras no voy a caer bien en el gremio de los taxistas, pero que conste que no tengo nada contra ellos. El sector anda lastrado por multitud de ineficiencias administrativas, licencias pagadas a precio de burbuja (encarecen las carreras más del 12%, CNMC dixit) e impuestos, para que luego un taxista tenga que tener el culo soldado al asiento 12-16 horas al día para ganar algo decente.

Entiéndase como decente un salario que permita mantener a su familia, pagar la hipoteca de la casa y la de la licencia. Eso no tiene ningún sentido y ha de cambiar. Las licencias van a perder valor como ya ha pasado en Estados Unidos. San Francisco, una de las primeras ciudades donde operó Uber, los taxistas están bien jorobados, pero el servicio se ha vuelto más accesible para el ciudadano. Si se ha aumentado la precaridad laboral o sobre si se van impuestos a Delaware es otro tema que poco le importa al ciudadano de a pie.

En España Cabify dice pagar todos sus impuestos -puede ser verdad en mayor o menor medida, pues declara pérdidas- pero lo cierto es que las empresas de VTC generan mucho más impuestos que los taxistas. El discurso de que se perjudica al erario público no lo compro. Cabify y Uber vienen a quedarse con el 20% de cada “carrera”, ahí puede estar la fuga, pero ¿y el 80% restante? A los de Uber hay que darles de comer aparte, como multinacional es tan oscura como el Malvado Imperio Galáctico.

Las licencias de taxi se han revalorizado -según la CNMC- un 500% desde 1987, eran un valor seguro para invertir, más que el IBEX-35

Si el Gobierno tiene que meter las narices -más- en este asunto es con medidas que corten la especulación de licencias (tanto de taxistas como de VTC), que se pongan todas a producir actividad económica y no estén en barbecho, eliminación de trabas absurdas e ineficiencias, y que el mercado decida con su mano invisible qué sistema es preferido por la gente. Es el juez y la parte.

Por otra parte, el colectivo de los taxistas necesita un poco bastante higienizar su imagen mediática. Tiene que perseguirse, desde dentro, cualquier mala imagen. Las prácticas de algunos taxistas de cierta ciudad andaluza rozan el modus operandi de la mafia, y a nada ayudan ver imágenes VTC ardiendo, ni volcados, ni que a los taxistas que no hagan huelga les revienten el coche. Tienen razón en algunas cosas, pero les están perdiendo las formas a algunos. En otras cosas no tienen razón, y la frontera empieza a ser muy difusa para el personal.

El taxi tiene salvación, pero no en la línea actual. Los usuarios demandan un transporte eficaz, económico, disponible, cómodo… y las cuestiones de tributación de las multinacionales tecnológica poco más que se la suda a todo el mundo. Vamos, que todos usamos a diario productos de Google, Apple, Microsoft, Facebook… y en evasión fiscal son auténticos artistas. Si hay que elegir entre un “peseto loco” y un tío trajeado, muchos tendrán la elección como obvia aunque el trayecto cueste un pelín más.

Doy por sentado que a más de uno este texto le va a soliviantar, pero antes de matar al mensajero, hay que mirar el mensaje. Aunque me vaya al infierno esta misma noche, la situación es la que es. No tengo ningún familiar trabajando ni en el taxi ni en una VTC, pero confieso mi crimen: mi abuelo Paco Costas fue uno de los primeros conductores de VTC de España, allá por los 50. No lo hago por corporativismo, dios me libre.

A quien quiera profundizar, le recomiendo el reportaje “Caza al pasajero” (Equipo de investigación, La Sexta), que me pareció muy acertado y objetivo. El reproductor Atresplayer es un dolor de cabeza, quien pueda verlo por Movistar+ o cualquier otro método, mejor para él.

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