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Por qué deberías hacer copias de seguridad

Estatua Caín mató a su hermano Abel (facepalm)
Caín mató a su hermano Abel – Fotografía: Alex Proimos (Flickr) CC BY NC

Desde muy pequeñito empecé a usar ordenadores, y según fui aprendiendo, le fui dando importancia al tema de hacer copias de seguridad. En esta vida nada es infalible y es mejor tener un plan B. Todas las grandes pérdidas de datos que he tenido en mi vida han sido por causas ajenas, como cuando me robaron un portátil dentro de mi casa -entre otras cosas- o que una caja llena de discos de Amstrad (180 KB cada uno) acabase en la basura en una limpieza materna aleatoria.

Antes de los CD hice copias en disquetes (cuando eso tenía sentido) y en cintas QIC, que te dejará indiferente por no saber qué es. Te lo resumo rápidamente, cintas magnéticas que guardaban 120-250 MB y tardaban dos horas en escribirse o leerse. Desce hace 10 años apenas he grabado discos y he preferido almacenar las cosas en varios discos duros, más eficientes en relación capacidad/precio. En caso de desastre, tengo las espaldas más cubiertas.

Empecé a grabar CD-R hace 20 años. Ahora, si quisiera, podría dejar un ordenador con el contenido exacto de mis discos duros a mediados de 1997-1998, con todas mis partidas, trabajos, etc. Simplemente el ordenador notaría que hay un salto de 20 años en fechas de archivo, solo sería un problema con programas que sufran “efecto 2000”. En esa época un simple disco compacto sobraba para hacer copias, pero claro, hoy día los órdenes de magnitud son más grandes, gigas o teras, y hay que hacer una inversión un poco más grande.

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Prohibido opinar, salvo que pienses como la mayoría (o una minoría ruidosa)

Silencio

No sé si es cosa mía o que no me entero de algo, pero tengo la sensación de que lo que conocemos como “libertad de expresión” empieza a estar bastante amenazada. No me refiero al ámbito judicial, sino al social. Cada vez es más difícil expresarse, decir lo que uno realmente piensa, sin temor a que le lapiden verbalmente.

Me voy a abstener de poner ejemplos para evitar precisamente eso con mi persona, y que se pierda la intención de este mensaje, llamar la atención sobre el estado de las cosas: decir algo que no ofenda a ningún individual o colectivo es cada vez más complicado, por no decir a veces imposible. Hay temas de los que directamente no se puede ni hablar, so pena de quedar en mal lugar, o ridiculizado como “cuñado”. El que se resista a eso, tendrá que asumir las consecuencias…

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo” – Voltaire

La cita histórica que recupero tiene muchísimo sentido y estamos empezando a olvidarla. Cuando leo o escucho algo que no es de mi línea de pensamiento, me puede parecer más o menos correcto, pero en un estado de derecho teóricamente nos tenemos que aguantar, salvo que sea una conducta delictiva o realmente chunga. La libertad de expresión termina, teóricamente, cuando se toca la libertad de otro. Lo que dijo Voltaire me parece lo suyo, y debería serlo, ¿no?

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Entrevista en esRadio

Como periodista, normalmente soy el que hace las preguntas y otros me las responden, pero en esta ocasión ha sido al revés. El pasado sábado participé brevemente en el programa de Elia Rodríguez y María Díez, Es la Mañana del Fin de Semana, más o menos a la altura del minuto 37.

Hablamos de “Tranquilos, que yo controlo”, mi primer libro, que estoy dando a conocer. Si no conoces el fenómeno editorial del año esta humilde obra, pásate por el microsite, y empieza a conducir de otra manera… mejor. Es un recopilatorio de muy buenos consejos. Puedes empezar a leerlo gratis, tan solo bajando un PDF, más fácil imposible.

Por cierto, si tienes algún problema con el reproductor incrustado, es por un tema de Flash, pero puedes dirigirte directamente al audio de la fonoteca pinchando aquí.

¿Por qué escribir sobre seguridad vial?

Marcapáginas Tranquilos, que yo controlo

Siendo inminente la presentación pública de mi primer libro, “Tranquilos, que yo controlo”, me he hecho una pregunta: ¿y cómo me metí en semejante lío? No fue ni por el oro ni la plata, y mucho antes de plantearme siquiera empezarlo, ya había estado años difundiendo, con mayor o menor éxito, los conocimientos para comprender los fenómenos que hay detrás de los mal llamados accidentes de tráfico.

En todo mi círculo de amigos y familiares solo tengo constancia de una víctima mortal en un accidente de tráfico, y fue mi bisabuela Carmen. Ella murió antes de que yo naciese, conduciendo un SEAT 600, y por ironías de la vida, era la madre de mi abuelo, Paco Costas. De lo poco que sé de aquel suceso es que ella no tuvo la culpa.

Varios de mis amigos han tenido accidentes de poca consideración, de esos que se cuentan, aunque algunos han tenido sustos de muerte, como el de un amigo, o como el de una amiga. Pero mentiría que mi motivación fuese proteger a mis allegados, a decir verdad, hice esto sin pensar en quiénes serían los beneficiarios. En otras palabras, para cualquiera que quisiese hacerme caso…

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“Tranquilos, que yo controlo” ya está a la venta

Después de meses de trabajo de un servidor y de mi editorial, ya se puede comprar mi libro de consejos de seguridad vial y técnicas de conducción elementales: “Tranquilos, que yo controlo”. Es un compendio de todo lo que he aprendido en más de una década, las últimas tecnologías en seguridad y consejos de muy distinta índole. No solo hay consejos, hay información, que es lo más importante.

Está al caer en librerías, pero los que quieran adelantarse tienen las siguientes opciones:

  • Encargarlo a través de la editorial, Meridiano Edición
  • Encargarlo a través de Amazon
  • Acudir a Madrid el próximo jueves 20 de octubre, al acto de presentación que haré en la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías (parque del Retiro, acceso por Sáinz de Baranda) a las 19:00. Estará conmigo mi mentor y maestro, Paco Costas, que me hará el honor de presentarlo. Entrada libre hasta completar aforo

Presentación Tranquilos, que yo controlo

El precio del libro es de 18 euros y tiene algo más de 300 páginas. Sé que alguien puede pensar que es “mucho” dinero, pero la lectura del libro permitirá a su dueño el ahorrar muchas veces esa cantidad, por lo que yo -honestamente- lo veo como una inversión. Casi cualquier pieza del coche que rompamos por mal uso o negligencia cuesta más.

También sé que eso de comprar un libro sin haberlo leído puede echar hacia atrás, pero en la Web de la editorial se pueden leer las primeras páginas sin coste alguno, ni registros ni historias; simplemente es bajar un PDF. Si ya ves que te interesa o te parece interesante lo que va a tratar, ya sabes. Próximamente puede que se edite en e-book, pero de momento es un libro físico, de los que tienen páginas de papel y esas cosas.

Ah, y supongo que es obvio, pero el jueves 20 dedicaré el libro a quien quiera, bien por adquirirlo in situ o por haberlo encargado por Internet y que le haya llegado a tiempo. ¿Te animas?

En redes sociales todo son titulares y “me gusta”; información, poca

Facepalm
Estatua Caïn, por Henri Vidal – Fotografía: Alex E. Proimos (Flickr) CC BY

Llevo en Internet unos 18 años, quitando algún paréntesis por eso de que no existía la tarifa plana a la que hoy estamos todos acostumbrados. He visto nacer y crecer un montón de fenómenos, y uno de ellos es el de las redes sociales. Esto da para hacer una tesis doctoral, pero solo voy a centrarme en un solo aspecto: están contribuyendo a idiotizar a la población. Sí, también te afecta.

Que cada uno eche un vistazo a su muro de Facebook y me diga qué ve, eliminando fotos de bodas, de fiestas, de gatitos y de copiapega de citas célebres o inventadas. ¿Qué noticias hay? Descartamos los cebos (clicbait), las noticias falsas/bulos/hoax (que nadie se molesta en comprobar si son ciertas), y ¿con qué nos quedamos? Fundamentalmente nos quedaremos con titulares. Muchos no pasarán del titular, y ahí se quedará. A tomar por saco décadas de lucha por el derecho a la información. Es más interesante hacer un “me gusta” en una publicación sobre gatitos o la última borrachera en un garito.

Consultando las estadísticas de Pistonudos me encuentro con un artículo que ha tenido el mayor alcance del mes, es decir, que más gente lo ha visto en sus muros, miles de personas en una semana. ¿Cuántos han abierto el contenido y se lo han leído? Ni el 6%.  Debo entender que se trata de gente tan preparada, informada y cultivada, que solo con leer un titular ya no necesitan leer el cuerpo, ni ver las fotos. Incluso podría estar el artículo en blanco o borrado, el 94% no notaría la diferencia.

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Busco películas raras (nivel experto)

Desde muy pequeñito me encanta el cine, y fui de esos que hizo sudar al VHS grabando cosas de la tele. Ahora, que se supone que tenemos acceso a cine turco independiente, porno árabe o los grandes éxitos del destape (salvo “Desembraga a fondo”) hay unos títulos que busco y son tan difíciles de encontrar como los unicornios. Desde los 18 colecciono películas en formato digital, porque los VHS llega un momento en que ocupan demasiado espacio y las cintas se deterioran.

Si alguien se presta a ayudarme, le aviso que no es una búsqueda fácil y que ya he consultado lo evidente, como las versiones originales. El problema es que las quiero en castellano, el mismo idioma en el que lo vi en su momento, y ahí radica la dificultad; son contenidos descatalogados. Me vale tanto formato original (lo veo complicado) o “copia de seguridad”.

¿Aceptas el reto? Pues ahí va:

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De toros, toreros, animalistas y animaladas

A mi, los toros, ni fú ni fá. La única faena que he visto en mi vida fue por petición personal del que se la iba a jugar en el albero, una persona allegada, pero de no ser por eso no me habría despertado ni la menor curiosidad. Tampoco soy antitaurino, es decir, la “fiesta” me resulta indiferente. Reconozco que tiene un componente artístico, histórico y de tradición, aunque no comparto las formas. Preferiría que el animal no sufriese, y que fuese solo una coreografía entre hombre y bestia, pero no me opongo tampoco. Mi opinión es tan despreciable e irrelevante como la de cualquiera.

Las posturas taurinas y antitaurinas me parecen igualmente respetables, hasta cierto punto

La muerte de hace unos días de Victor Barrio me produce tristeza, pero fundamentalmente por la tormenta de mierda que está cayendo sobre su viuda, familiares y amigos. El torero está muerto y ya nada de esto le afecta, pero algunos cuando empiezan a esparcir su diarrea mental por Internet (que viene a ser un lugar público, no una dimensión paralela donde no rige nada ni nadie) demuestran tener un nulo sentido del respeto y de la empatía.

Víctor murió haciendo lo que le gustaba, y sabía a lo que se exponía, por eso eligió ser torero. Cuando uno lucha contra un bicho de más de media tonelada, se expone a que un cuerno le atraviese el corazón como la facilidad queun alfiler pincha un globo. Hay una instantánea que captó su dolor de una forma tal, que casi consigue que me duela el pecho, y no la pongo porque no quiero pecar de morboso. Seguramente ya sabes a cuál me refiero. No quiero ni pensar lo que tuvo que sufrir hasta que su vida se apagó. ¿Y los toros que se cargó antes? Sí, también sufrieron, pero existe una pequeña diferencia, que algunos no son capaces de captar, y lo dejo a criterio libre del que está leyendo. Pista: no soy religioso.

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