Reflexiones – JavierCostas.com
Reflexiones

Los límites del derecho a la libertad de expresión y Pablo Hasél

Sí, seguramente estás tan cansado como yo del temita de Pablo Rivadulla Duró, más conocido como Pablo Hasél. Se trata de un rapero de n-ésima categoría, que se ha hecho conocido por las barbaridades de sus letras, por su activismo antisistema y por sus formas: violento, machista, intolerante, que justifica la violencia de otros o la desearía… No es famoso por su flow, ni sus métricas, ni su arte.

Señores, esto no tiene nada que ver con la libertad de expresión. De primeras podríamos decir que la libertad de expresión tiene que ser infinita, hasta que alguien dice que hay que clavar un piolet en la cabeza a tu padre, que pide que alguien vuelva a poner coches bomba, o que pide la pena de muerte para dos niñas (Leonor y Sofía, en 2010) que podrían ser tus primas. La «obra» de este personaje está repleta de perlitas de ese tipo.

Lo tenéis todo en las sentencias, que son públicas, y sí, hay que leerlas. Pablo va a la cárcel por reiterarse en el enaltecimiento del terrorismo, no por injurias a la Corona (que ha implicado solo multa económica), y seguirá añadiendo años por agredir a un periodista y amenazar a un testigo. Tiene pendiente otra causa por un asalto a la Subdelegación del Gobierno de Lérida. Vamos, que todo esto no ha sido «por rapear», al igual que los de «La manada» no fueron a la cárcel «por hacer el amor». Es un delincuente reincidente.

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Personal, Reflexiones

Desde el año 2007 soy contribuyente «activo» (relacionándome con Hacienda), previamente había sido menor de edad o ganaba tan poco dinero que estaba exento de realizar la declaración de la renta. Al año siguiente, al hacerme autónomo, ya tuve que empezar a hacer declaraciones de IVA, de IRPF, más adelante de operaciones intracomunitarias… según se iba «complicando» mi esquema de ingresos.

No llego la cuenta de lo que he pagado de IRPF, la verdad. Sé que la declaración me sale siempre a devolver sin hacer ninguna ilegalidad, y sin utilizar a mi favor siempre todas las deducciones que podría emplear. El IVA -de mi actividad- no lo cuento porque es impuesto que yo he recaudado para Hacienda y es un dinero que no es mío. En cuanto a lo que he palmado en hidrocarburos, IVA como consumidor final, impuesto al seguro y otras tantas cosas… prefiero no saberlo, y eso es anterior a 2007.

A cuenta de la polémica con los youtubers andorranos, que ellos verán lo que hacen (y sus asesores fiscales), hay un argumento que ha salido que me ha tocado mucho las pelotas. Seguramente no es obra original de «Wall Street Wolverine» (lobezno de Wall Street), pero lo ha soltado. Básicamente, viene a decir: como se gasta dinero de mis impuestos en gilipolleces, me cambio de país para no pagarlos. Antes de seguir, conviene saber qué se hace con el dinero de nuestros impuestos, CIVIO lo ha puesto cuqui y bonito en su web.

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Reflexiones

Mascarillas, una relación de amor/odio

Hilando con los palos que le di a los de «médicos por la verdad», los magufos de moda, hoy quiero compartir con vosotros unas reflexiones. Se me acusa de ser servil con el Gobierno y de estar de su parte. Es lo que tiene hablar sin tener ni puta idea. Partamos de esta base: el coronavirus entra fundamentalmente en el cuerpo por via aérea, y las mascarillas reducen la probabilidad de que eso ocurra, sobre todo si las usan «emisor» y «receptor». Hasta ahí, no discuto nada, de Barrio Sésamo.

España es uno de los pocos países del mundo donde las mascarillas son obligatorias en la calle, hagas lo que hagas (*), porque las comunidades autónomas se han puesto de acuerdo con ello, el Gobierno no nos obliga. En donde resido, Comunidad de Madrid, durante semanas solo fueron obligatorias para espacios cerrados y al aire libre si no se podía garantizar la distancia de seguridad. Parecía una cosa bastante lógica.

Ahora estamos obligados a usar mascarillas en teoría hasta para sacar la basura -individualmente-, para ir solos por la Gran Vía, en las terrazas cuando no estamos dando un sorbo o un mordisco, etc. Estamos obligados a comprar unos productos gravados con el 21% de IVA y que, como señaló Luis del Val en la COPE, antes de la pandemia no valían nada y ahora menos mal que están con un PVP máximo de 0,96 euros (desechables). Previamente, ni a ti ni a mí nos importaba un carajo cuánto costaban las mascarillas porque solo las usaban los sanitarios y los chinos (*). Continue Reading

General, Reflexiones

«Médicos por la verdad», ¡es que te tienes que reír!

Como muchos españoles, desde que empezó la pandemia allá por marzo he cambiado mis hábitos de entretenimiento. Consumo algo más de Youtube, a veces por evasión, a veces por echarme unas risas (con programas presuntamente serios), por contrastar… y luego, aparte, está «La reunión secreta».

No he visto muchos programas, pero he visto rigor, he visto protagonismo de la ciencia, pocas opiniones con el palillo en la boca y un afán por ser honestos y decir las cosas como son. Además, la calidad de la realización y puesta en escena es tan profesional -o más- que como espacios televisivos en la era del confinamiento. Os recomiendo darle una oportunidad.

Ayer hubo un programa especial sobre un colectivo que se denomina «Médicos por la verdad», que como toda gente que quiere enseñarnos «la verdad» y «lo que no quieren que sepas», esconde unas opiniones y unos razonamientos que dan la misma sensación mental que cuando uno levanta la tapa de una fosa séptica. Cuanto más se acerca uno a la tapa levantada, más huele a mierda.

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Economía, Reflexiones

Lecciones del coronavirus: el «just in time» ha muerto

Los españoles cumplimos tres semanas de confinamiento obligatorio hoy a causa de la pandemia del coronavirus, no hemos sido más hogareños en nuestra puñetera vida. Trato de sobrellevarlo como puedo: trabajo las mismas horas, entretengo el tiempo muerto aprendiendo sobre sonido digital de alta fidelidad e intercambio cariño -casto- con una gata. He salido a comprar lo imprescindible, apañar los coches para que aguanten sin actividad, tirar la basura y acudir a una entrevista (lo dejamos para otro día).

En estos días todos tenemos mucho que pensar, porque de cada crisis hay que aprender alguna lección y así evitar que vuelva a ocurrirnos algo parecido. Hemos aprendido el valor de la higiene, a darle reconocimiento a los sanitarios, policías, militares, bomberos, conductores de ambulancias, cajeros de supermercado, transportistas… hasta nos alegramos de ver al mensajero que nos trae paquetes. Ahora me quejo de que vienen días antes de lo previsto por la plataforma logística…

Circula por WhatsApp un vídeo de un pastor con fuerte acento del norte en el que comenta que en «cuatro días» se están arruinando empresas y autónomos. Dejando al margen la formación que pueda tener el paisano, hay una cosa en la que tiene una razón brutal,  es que cuando no hay colchón no hay con qué amortiguar las hostias. Nuestra sociedad se ha acostumbrado al «just in time», las cosas en el acto o «justo a tiempo». Continue Reading

Personal, Reflexiones

¿Qué tienen en común los glaciares, Greta Thunberg, y los vuelos por ocio?

Hoy puede que hayas visto -o ignorado- una noticia sobre el primer glaciar que se considera oficialmente desaparecido por el calentamiento global. A lo mejor estabas más pendiente del próximo vuelo que vas a coger para una escapada de fin de semana a algún lugar lejano, o no tan lejano. Puede que te suene de algo el rostro de esa niña sueca, repelente para algunos, por su talibanismo que le impide volar en avión, y porque los viernes hace pellas para manifestarse.

Y todo está relacionado.

El cambio climático antropogénico (provocado por el hombre y la mujer) sigue su curso, con o sin tu colaboración. Las emisiones de gases de efecto invernadero sigue sin reducirse, y se dice que 2030 es el punto de no retorno. No está tan lejos 2030. El planeta nos castigará por los excesos de décadas, y llegaremos a sufrirlo los que ya tenemos cierta madurez, pero más aún los jóvenes. Greta Thunberg -la niña repelente- nació en 2003 y se lo va a comer con patatas. Tus hijos también, sobre todo los que aún no han nacido. Te haré un spoiler: la Tierra nos sobrevivirá a todos.

Ni tú, querido lector, ni yo, salvaremos el mundo. Somos demasiado insignificantes para cambiar las cosas. La única manera de cambiar drásticamente las emisiones de carbono es que Trump y Putin hagan un intercambio de misilazos nucleares y manden la civilización a tomar por saco. La película «El día después» (1983) lo ilustró muy bien. Volví a verla el otro día, por cierto, es imprescindible para entender los riesgos de una guerra nuclear aunque no seamos parte de la misma. Lo que sí podemos hacer es reducir la contribución al problema y, tal vez, que se unan otros. Continue Reading

Reflexiones

Al haber accedido a la carrera de Periodismo he tenido que aumentar obligatoriamente mis conocimientos de Derecho. En todos los años que había estado como estudiante la formación que había recibido al respecto era mínima, simples alusiones y vaguedades. Además de las dos asignaturas obligatorias, me apunté a un curso de Introduction to US Law para conseguir unos créditos (0,8 ECTS) que me hacen falta para terminar del todo.

Ha sido un curso de dos semanas impartido por una profesora de la Universidad de New Mexico, Mary Leto Pareja. De vez en cuando, uno se puede apuntar a cursos como estos, que son de lujo: viene un docente del extranjero, no hay que pagar nada -80 euros los que vienen de fuera-, y en una clase pequeña. Aprovechamos la oportunidad unas 15 personas de las 30 que se apuntaron. Sí, pensar en ello lleva las manos a la cabeza de vez en cuando. Total, ¿qué puede tener de interés conocer la democracia moderna más antigua del mundo?

Me apunté porque el curso me podía resultar útil para mi trabajo -y de hecho, lo es-, y he aprendido los vericuetos del sistema estadounidense: constitución, cómo funcionan los poderes, sistema electoral, sistema judicial, las instancias de apelación, mucho vocabulario… ya que todo ha sido en inglés, a palo seco. Debería haber cursos así del sistema español, obligatorio para alumnos de bachillerato por lo menos, estudien lo que estudien.

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General, Reflexiones, Seguridad vial

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Circulaba esta tarde por una avenida de un tranquilo pueblo de la Sierra, en completo silencio, porque iba con el modo eléctrico de mi coche activado. Me acerco a un paso de cebra y veo a unos chavales de unos 13-14 años en las inmediaciones, aminoro, y le pito a un chico que está de espaldas a mí, parado en medio de la carretera, por estar diciéndole algo a otro de los chicos. Bajé la ventanilla y le espeté:

– Yo: «Mira siempre antes de cruzar»
– Chico: «¡Esto es un paso de cebra!»
– Y: «Sí, mi obligación es parar, pero la tuya es mirar»
– C: «¡¡Esto es un paso de cebra!!»
– Y: «Que sí, pero si vengo distraído te puedo atropellar»

Continué la marcha dando por sentado que el chaval pensó que yo era un completo gilipollas. A la velocidad a la que iba, unos 40 km/h, si llego a conducir distraído, bebido, demasiado cansado o con otra cosa que no debo en vena, le arreo tal hostia que no sé si sale de esa. El chaval tenía razón en parte, como yo también la tengo. Nunca hay que cruzar sin mirar, o quedarse uno en un paso de cebra de espaldas al tráfico.

Como peatón, habría sido atropellado varias veces en pasos de cebra de no haberme fijado no solamente si venían vehículos, sino tras asegurarme que reducían el paso por habernos hecho el cruce de miradas. Es lo que un buen amigo llama contacto visual. Cuando ya sé que es seguro, entonces cruzo. Si no hubiese mirado y me hubiesen atropellado, yo habría tenido razón, pero me habría roto varios huesos del cuerpo o estaría muerto. Continue Reading