Archivo de la categoría: Alcohol

La chica que atropelló a tres ciclistas en Oliva no es una asesina…

… tan solo es una descerebrada.  Puede que esto te suene: una mujer de 28 años que atropelló mortalmente a un pelotón de ciclistas el domingo 7 de mayo por la mañana, acabando con la vida de tres y dejando malheridos a otros tres. La foto que ha circulado de ella muestra esto: una chica abatida en el suelo, apoyada contra el paragolpes del coche, con las manos ensangrentadas, cabizbaja, que aún no ha asumido lo que acaba de hacer.

M.V. había tomado varias copas antes de coger el coche, y también había esnifado coca. Como la segunda prueba de alcoholemia que se le practicó dio 0,91 y la primera 0,8, significa que le estaba “subiendo” mientras conducía. La combinación de alcohol y copas fue letal. Lo más probable -porque ella no se acuerda- es que fuese conduciendo con mucha dificultad y en un momento simplemente se desvaneció. Invadió el carril contrario y se llevó a los ciclistas por delante.

Se llamaban Eduardo, José Antonio y Luis Alberto

Esto es lo que se puede deducir del relato que he leído en varios medios (de esos que no quieren que se les enlace). Yo no estaba allí, pero intento ponerme en la cabeza de M.V. No quiero poner su foto, ni en la que se había derrumbado, ni en las que estaba de fiesta y se han sacado de redes sociales. No quiero hacer de abogado del diablo, pero M.V. no cogió el coche con la intención de matar a nadie. Es más, seguro que ni es violenta ni peligrosa cuando está sobria. ¡Hasta puede ser una buena persona, por contradictorio que parezca!

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¿Era sádico o eficaz el método egipcio para atajar la alcoholemia en la conducción?

A través de Historias de la Historia me he topado con un episodio del acontecer que debería hacernos reflexionar un poco. Por lo visto, en el antiguo Egipto no se andaban con leches cuando había que condenar a un conductor de carro tirado por caballos por haberse emborrachado y causar daños a terceros.

Un papiro cuenta la sanción que puso un juez a un conductor ebrio que chocó contra una estatua y acabó con la vida de una niña. El infractor fue colgado en la taberna donde se había emborrachado (muy probablemente con cerveza), y se quedó ahí hasta que los animales carroñeros no dejaron ni las sobras. Fue una de las primeras sanciones de tráfico de las que tenemos noticia.

Bajo el prisma del Siglo XXI eso nos puede parecer una auténtica animalada, digna de un pueblo sin evolucionar, pero pensémoslo de esta forma: si esa fuese la condena por beber y causar daños a terceros, ¿habría tantos accidentes siniestros viales como hoy por alcoholemia, o prácticamente nadie se la jugaría? Creo que más bien sería lo segundo. Posiblemente no exista ningún documento -o haya sobrevivido- que muestre estadísticas de accidentalidad de hace 2.800 años en aquel reino, pero sería revelador conocer el impacto de semejante sentencia.

Un sistema legal garantista tiene sus huecos. El hombre moderno prefiere más laxitud, y que nadie pague con su vida por un error tan grande. Dejo para reflexión interna del lector qué sistema legal es más eficac en la prevención de siniestros viales relacionados con el alcohol.

¿Control de alcoholemia? Me la sopla…

Boquilla de alcoholímetro

Como conductor, me gusta tener la tranquilidad de que no me voy a quedar sin carné por combinar alcohol y volante. No soy precisamente abstemio, bebo cuando me apetece (no muy a menudo), pero si conduzco, es unas cuantas horas después.

Si no me falla la memoria, he soplado cuatro veces ya. La primera fue en verano de 2009, la segunda el año pasado, y este van dos. La mitad de las veces fue conduciendo mi inofensivo Toyota Prius, las otras dos con coches de prensa.

En los cuatro casos estaba muy tranquilo al respecto, y por eso di 0,0 en cada ocasión. La última ha sido llegando a Ávila, procedente de Salamanca, donde se había organizado un jolgorio alcohólico-festivo de la leche (la #NUsalamanca). Eran las 3 de la tarde, es decir, la fiesta se había acabado hace tiempo.

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Pim, pam, toma lacasitos

https://www.youtube.com/watch?v=Kf5IOmbpWVw

Siento no escribir muy a menudo por aquí, pero mi carga de trabajo ha aumentado desde que soy coordinador de Motorpasión. ¡Al tema! Conocimos a este personaje por un programa de Callejeros muy mítico, en el que todos estábamos esperando que el agente de la Guardia Civil sacase la porra y le inflase a hostias.

En esa ocasión, como en esta patria hay orden y Ley, le quitaron seis puntos y era un novel. Le han vuelto a pillar por lo mismo, conducir mamao, y esta vez se queda sin los puntos que le quedaban y de paso puede quedarse sin carnet tan pronto como la sentencia se haga firme.

Por imbécil.

Habiendo gente de este calibre, me parece de puta madre que haya carnet por puntos, multas enormes y sentencias de cárcel. Hay gente que solo entiende un lenguaje, el del palo. Al menos, no lo tendrá tan fácil para irse de rositas. Luego se le podrán seguir aplaudiendo las gracias en televisión o en cualquier discoteca, aunque tendrá que ir en taxi o en autobús.

Y si le vuelven a pillar conduciendo, como diría Jesús Gil, “¡a la piuta cárcel!”. Seguro que hará muchos amigos.

Viva España, viva El Rey, viva el orden y la Ley.

OWNED

Visto en Menéame.

Alcohol y “networking”

Alcohol

Peso entre 65 y 70 kg, dependiendo de la alineación de los planetas, pero eso ahora, que he ganado peso. Tradicionalmente he sido un peso pluma, y en relación a mi estatura (1,72 m) siempre se me ha dicho que estaba muy delgado. Daba igual que comiese como si me hubiesen sacado de un campo de prisioneros y que no respetase dieta alguna. Me enamoré y gané 15 kilos en menos de un año.

Entre eso y que, a diferencia de los adolescentes modernos y mucha gente de mi generación, no he acostumbrado mi hígado a nadar en alcohol, no soy demasiado tolerante con esta droga social. Casi todas las bebidas fuertes no las aguanto, y de las suaves, pues casi exclusivamente me gusta la cerveza. El Vodka por ejemplo no lo puedo ni oler, o me da un “pantallazo azul”.

Hay momentos en los que me apetece pillarme un pedal, pero sin acabar llorando llamando a mamá u olvidándome de mi DNI. Lo hago entre amigos, cerquita de casa, y con las llaves del coche criando polvo en una estantería del salón, como debe ser. En otras ocasiones también tengo la oportunidad de beber, pero procuro no hacerlo más que nada por prudencia.

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Mi primera vez se hizo esperar

Acueducto de Segovia

Regresaba de Segovia después de haber hecho una visita relámpago junto a mi novia y mi madre y ya era un poco tarde. Creo que el reloj marcaría las dos de la mañana. Había sido un día completito y regresaba a mi piso para irme a dormir.

Las carreteras estaban mudas, pero ya me eran conocidas, había pasado por ellas multitud de veces. Cada curva, cada vértice, cada señal… me era familiar. A veces añoro mi querida Sierra desde que vivo en la ciudad, la nostalgia ya no es lo que era.

Sin embargo esa noche fue diferente. Algo había estado ausente en mi vida con tanto viaje por esas carreteras. En determinado momento vi una luz y me desvié al arcén pasada una rotonda. Tanto para mi chica como para mi era una experiencia nueva, pero especialmente en lo que me respecta.

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El problema del alcohol al volante en sólo 4 líneas

Aconteció en una comida que, como es “habitual” podía ir regada con un poco de vinito tinto o blanco. Desde antes de tener el carnet, ya tengo claro que si tengo que conducir no bebo nada. No obstante, no todos piensan igual:

– Camarero: ¿Desea vino señor?
– Javier: No, gracias, luego conduzco
– Comensal X: ¿Hay controles de alcoholemia por aquí?
– Javier: …

Creo que la multa es lo que menos me preocuparía de todo. Lo que realmente me preocupa es la merma de mis facultades, con todo lo que eso implica. A todo esto, todavía no he tenido que soplar ni una sola vez, aunque ya os anticipo el resultado: 0,0

Sentencia para el caso Helena Castillo Zapata

Helena Castillo ZapataEsta chica es Helena. Tenía 20 años, ahora tendría 23. Un conductor bebido la golpeó a gran velocidad y la mató. Su madre, de la que ya os he hablado más de una vez, hizo lo que pudo no sólo para contribuir a que esto no vuelva a ocurrir en otras familias, sino para obtener justicia para su hija. El culpable aún sigue en libertad y ni si quiera se le retiró el carnet de conducir. De república bananera.

La sentencia, fruto de un largo proceso judicial, le condena a 2 años y 9 meses de cárcel por homicidio por imprudencia y lesiones al novio de Helena, que sobrevivió pero con secuelas. Además, se le retira el permiso de conducir durante 4 años.

Si de mi dependiera, menos de 10 años no le echaba, y el carnet se lo retiraba para toda la vida.

¿Pero qué ocurrió exactamente? Haré un pequeño resumen de lo que pasó aquel domingo 17 de abril de 2005. Helena iba acompañada de su novio Álvaro en dirección hacia Madrid (en el mapa, de Norte a Sur) por la M-607, autovía de dos calzadas y dos carriles limitada a 100 Km/h. Fue antes de una curva en sentido Madrid donde existe una limitación de 80 Km/h, Pk 31,7. Circulaba correctamente.

Las condiciones climatológicas eran perfectas, había buena visibilidad, Helena nunca corría y circulaba por el carril derecho. Lo resalto por si alguien tiene los huevos de echarle la culpa a la pobre chica.

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