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Los límites del derecho a la libertad de expresión y Cassandra Vera

Una de las noticias del día es la sentencia contra la tuitera Cassandra Vega (@kira_95), un año de prisión -que no tendrá que cumplir- por publicar tuits muy polémicos sobre Carrero Blanco y otras personas. Además, le inhabilitan a siete años para cargo público y pierde derecho a ser elegida (sufragio pasivo). En la página Web del CGPJ se puede leer con más detalle y próximamente descargar la sentencia, está pendiente de eliminar sus datos personales, como su nombre legal. En un medio provincial ha salido el mogollón completo.

Antes de nada, quiero dejar clarísima una cosa: estoy bastante lejos de ser sospechoso de ser franquista, y considero que hacer chistes sobre actos terroristas en público es lamentable. Uno en su esfera privada, con sus colegas, puede reírse de quien quiera, pero otra cosa es hacerlo en Twitter, aunque en su momento no te lea ni el Tato.

He leído los tuits polémicos (se pueden leer en Verne) y otros tantos que la figura ha hecho durante los últimos años. Ninguno me ha hecho gracia, y hay más de una perla que podría equipararse al de un contundente adjetivo castellano: gilipolleces. No simpatizo con Cassandra, ni la conozco, pero después de ver las cosas que tuitea, tengo que decir que no me inspira lástima.

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La justicia es ciega (tanto si nos da la razón, como si no)

Aunque alguien pueda pensar que ir a la carrera de Periodismo es una pérdida de tiempo y dinero para alguien que lleva ejerciendo 15 años, no puedo decir lo mismo. Una de las cosas más útiles que vienen en el plan de estudios es una introducción al derecho, eso de lo que hablamos todos y de lo que casi nadie tiene ni puta idea.

Resulta que existe una lógica tremenda detrás de cada fallo judicial, cada ley, cada artículo de la Constitución, la jerarquía legal, etc. Luego está aparte el lenguaje jurídico en sí, que por su gran precisión se escapa a la comprensión del ciudadano medio. En estos días estamos hablando mucho de justicia por lo del caso Noos o la condena al pederasta de Ciudad Lineal.

A Urdangarín no le han metido en la cárcel aún -habría sido una medida provisional- y al pederasta le han endiñado más de 70 años de cárcel. Ahora, sin tener ni puta idea de derecho, no puedo decir que la primera condena es injusta y la segunda sí lo es. Justo no significa “la sentencia que yo dictaría”, sino lo que se ajusta a derecho, lo que se ha probado, y aplicado por un experto en leyes. Pregunta jodida: de todas las sentencias de las que has opinado últimamente, ¿cuántas te has leído?

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Caso Genaro de la Fuente: nuevamente matar sale muy barato

Accidente Genaro de la FuenteEl 12 de Enero conocimos la triste noticia. Dos chavales que se picaron en una calle de Vigo, superaron los 100 Km/h y en un momento de su improvisada carrera, el BMW, que iba más cercano al carril contrario, lo invadió y colisionó contra un Citroën AX donde iba una pareja que murió instantáneamente. El conductor del otro coche, un Audi, desapareció temporalmente para hacer acto de presencia poco después.

Ambos fueron a la cárcel, pero ya se sabe qué pasa con uno de ellos. El conductor del Audi, que no está muy claro si golpeó al BMW para que perdiese el control (presuntamente por evitar un coche aparcado en doble fila), saldrá a la calle tras pagar una fianza de 12.000 euros y se le retira el carnet de conducir. Menuda interpretación del Código Penal, que ya estaba vigente, y menuda mierda de sentencia.

Si alguna vez me propongo matar a alguien, ya sé que si lo hago en coche sólo estaré un par de meses en la cárcel, y luego a la calle. Si lo hago con otro sistema, seguramente me caerían años. En este país, sale muy barato matar. No hablamos de un accidente inevitable, hablamos de una conducta manifiestamente temeraria que ha dado por resultado dos muertes y dos familias destrozadas.

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Sentencia para el caso Helena Castillo Zapata

Helena Castillo ZapataEsta chica es Helena. Tenía 20 años, ahora tendría 23. Un conductor bebido la golpeó a gran velocidad y la mató. Su madre, de la que ya os he hablado más de una vez, hizo lo que pudo no sólo para contribuir a que esto no vuelva a ocurrir en otras familias, sino para obtener justicia para su hija. El culpable aún sigue en libertad y ni si quiera se le retiró el carnet de conducir. De república bananera.

La sentencia, fruto de un largo proceso judicial, le condena a 2 años y 9 meses de cárcel por homicidio por imprudencia y lesiones al novio de Helena, que sobrevivió pero con secuelas. Además, se le retira el permiso de conducir durante 4 años.

Si de mi dependiera, menos de 10 años no le echaba, y el carnet se lo retiraba para toda la vida.

¿Pero qué ocurrió exactamente? Haré un pequeño resumen de lo que pasó aquel domingo 17 de abril de 2005. Helena iba acompañada de su novio Álvaro en dirección hacia Madrid (en el mapa, de Norte a Sur) por la M-607, autovía de dos calzadas y dos carriles limitada a 100 Km/h. Fue antes de una curva en sentido Madrid donde existe una limitación de 80 Km/h, Pk 31,7. Circulaba correctamente.

Las condiciones climatológicas eran perfectas, había buena visibilidad, Helena nunca corría y circulaba por el carril derecho. Lo resalto por si alguien tiene los huevos de echarle la culpa a la pobre chica.

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A la cárcel por gilipollas

Cárcel

Lo siento, me declaro incapaz de contar esto de forma imparcial y objetiva. El 17 de julio de 2005, dos chicos de 21 y 18 años, primos, tuvieron la genial idea de picarse en un semáforo y cuando se puso en verde se lanzaron hasta más de 100 Km/h hasta que uno de ellos perdió el control (ya había perdido el de su mente antes) y chocó contra un coche en el que iban cuatro inocentes, dos de ellos murieron.

La sentencia le condena al mayor a tres años de cárcel y a uno y medio al jovencito, indemnizaciones aparte. Ahora que tenemos un Código Penal más razonable, esta escoria social no se queda en la calle conduciendo mientras los muertos se revuelven en sus tumbas, y me parecen estancias muy cortas en la cárcel a tenor del sufrimiento que han causado, pero algo es.

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Caso Enaitz: triste, pero cierto

Caricatura de Davila

Del tema ya han corrido ríos de tinta, así que no hace falta que presente el caso. ¿Por qué ha retirado este “señor” la demanda a los padres? ¿Por sentirse acosado por la prensa? Gilipolleces. Tampoco creo que sea por haber oído a su conciencia. Sabe que como empiece a removerse la mierda quien tiene todas las de perder es él. Si quiere reclamar esos 20.000 euros, que se los pida a la aseguradora, ¡pero no a los padres! Cualquiera con dos dedos de frente sabe que ya han pagado el precio más alto: su hijo.

Aún en el supuesto de que Enaitz se saltase un STOP o que circulase sin chaleco y de noche, y el atropello fuese 100% accidental, me cuesta imaginar que los daños del A8 estén valorados en 14.000 euros (los otros 6.000 eran de un coche de alquiler), puedo ser malpensado y creer en la teoría de que iba a más de 110 Km/h, velocidad que él sostiene que mantuvo. Aún así, imaginando que el chaval “se lo buscó” (por duro que suene), los padres no tienen que pagarle los destrozos del coche, para eso están los seguros, y si tienes un A8, coño, asegúralo a todo riesgo.

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Triple asesinato y a la calle

Mediados de noviembre de 2006. Una joven pareja, de unos 17 años, recibe la noticia del embarazo de la chica. No sé si se recibió con alegría o con miedo, dado lo que es un embarazo con esa edad, pero no se separaron y siguieron adelante con el embarazo. Sus familias esperaban con ilusión el nacimiento de la criatura.

Viernes 4 de Mayo por la noche. Yolanda G. conducía en estado ebrio su automóvil por una carretera de doble sentido, no sé cómo, perdió el control del coche y se metió en el carril contrario. La joven pareja circulaba en una moto y fueron embestidos por el coche de Yolanda.

Él murió en el acto. Ella murió a las 3 de la mañana en el Hospital, no se pudo hacer nada por su vida, y el futuro bebé también murió. Yolanda tuvo heridas leves y sufrió una crisis nerviosa, vaya diferencia.

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A veces es peor el remedio que la enfermedad

De vez en cuando, protesto cuando una situación me parece injusta, y he conocido una historia (*) que merece la pena conocer.

Hace 8 años un taxista gallego, Jose María García Corral, cumplía servicio nocturno cuando tomó a un pasajero poco recomendable, le llevó a un lugar apartado donde le atracó, y tras un forcejeo, le dio una docena de puñaladas que le hirieron de muerte. Murió por 20.000 pesetas. El autor se entregó poco tiempo después, y un juez le condenó a 9 años y pico de cárcel y al pago de una indemnización a la familia, que es lo mínimo. La sentencia fue un poco “light” al haber atenuantes: “arrepentimiento” y ser toxicómano en tratamiento.

La familia, en su sagrado derecho, recurrió la sentencia por insuficiente condena y el Tribunal Supremo de Galicia desestimó el recurso. Además el asesino se declaró insolvente, y vio cambiada su suerte. La sanción no podía llevarse a cabo. Nuevamente, la familia recurrió al Tribunal Supremo, lo que habría hecho cualquiera. El entonces magistrado de la Sala Segunda y hoy Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, desestimó el recurso de casación y obligó a la familia a hacerse cargo de las costas procesales, 7.125 euros. Y el Juzgado ya ha emitido la orden de embargo.

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