libertad de expresión – JavierCostas.com
Reflexiones

Los límites del derecho a la libertad de expresión y Pablo Hasél

Sí, seguramente estás tan cansado como yo del temita de Pablo Rivadulla Duró, más conocido como Pablo Hasél. Se trata de un rapero de n-ésima categoría, que se ha hecho conocido por las barbaridades de sus letras, por su activismo antisistema y por sus formas: violento, machista, intolerante, que justifica la violencia de otros o la desearía… No es famoso por su flow, ni sus métricas, ni su arte.

Señores, esto no tiene nada que ver con la libertad de expresión. De primeras podríamos decir que la libertad de expresión tiene que ser infinita, hasta que alguien dice que hay que clavar un piolet en la cabeza a tu padre, que pide que alguien vuelva a poner coches bomba, o que pide la pena de muerte para dos niñas (Leonor y Sofía, en 2010) que podrían ser tus primas. La «obra» de este personaje está repleta de perlitas de ese tipo.

Lo tenéis todo en las sentencias, que son públicas, y sí, hay que leerlas. Pablo va a la cárcel por reiterarse en el enaltecimiento del terrorismo, no por injurias a la Corona (que ha implicado solo multa económica), y seguirá añadiendo años por agredir a un periodista y amenazar a un testigo. Tiene pendiente otra causa por un asalto a la Subdelegación del Gobierno de Lérida. Vamos, que todo esto no ha sido «por rapear», al igual que los de «La manada» no fueron a la cárcel «por hacer el amor». Es un delincuente reincidente.

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Personal

Silencio

No sé si es cosa mía o que no me entero de algo, pero tengo la sensación de que lo que conocemos como «libertad de expresión» empieza a estar bastante amenazada. No me refiero al ámbito judicial, sino al social. Cada vez es más difícil expresarse, decir lo que uno realmente piensa, sin temor a que le lapiden verbalmente.

Me voy a abstener de poner ejemplos para evitar precisamente eso con mi persona, y que se pierda la intención de este mensaje, llamar la atención sobre el estado de las cosas: decir algo que no ofenda a ningún individual o colectivo es cada vez más complicado, por no decir a veces imposible. Hay temas de los que directamente no se puede ni hablar, so pena de quedar en mal lugar, o ridiculizado como «cuñado». El que se resista a eso, tendrá que asumir las consecuencias…

«No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo» – Voltaire

La cita histórica que recupero tiene muchísimo sentido y estamos empezando a olvidarla. Cuando leo o escucho algo que no es de mi línea de pensamiento, me puede parecer más o menos correcto, pero en un estado de derecho teóricamente nos tenemos que aguantar, salvo que sea una conducta delictiva o realmente chunga. La libertad de expresión termina, teóricamente, cuando se toca la libertad de otro. Lo que dijo Voltaire me parece lo suyo, y debería serlo, ¿no?

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Personal

Cuando estoy participando en debates, de vez en cuando me encuentro con un tipo concreto de comentarista. No está seguro de lo que dice, o expresa duda. Su razonamiento parece estar amenazado por la siguiente respuesta que llegue.

Entonces, como paraguas ante lo que se avecina, aparece una coletilla que pretende evitar la tormenta de mierda dialéctica: «Solo es mi opinión».

Esto me saca de quicio y no encuentro razones racionales para explicar mi alteración de ánimo. Vamos a ver, vivimos en un Estado donde hay libertad de expresión, ¿qué necesidad hay de justificarse? ¿O es para recalcar que no es la opinión de otra persona con CopyRight?

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