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Viaje a Portimao, un viaje a Utopía

Mapa de Utopía

Este artículo es una réplica, argumentada y respetuosa, de un artículo publicado en el blog 8000 vueltas, cuyo título es “Viaje a Portimao, un viaje al pasado”. Al igual que el artículo original, en este caso se trata de un artículo de opinión (y largo), se podrá estar o no estar de acuerdo conmigo, asumido está.

Leyendo el artículo de delarosa, más que describir Portugal, parecía estar describiendo las carreteras del lugar que imaginó Tomás Moro en el renacimiento. Hablo de Utopía, un lugar inexistente donde la sociedad se ha organizado perfectamente y todo va genial. Pero eso no coincide con la realidad, o concretando, con la realidad que he visto.

Conozco al autor del artículo, y estuvimos hablando sobre el tema, antes de que lo escribiese. Coincidimos en una presentación en Portimao, esquina inferior izquierda de la Península, los dos fuimos por carretera, pero en condiciones bastante distintas. Yo hice casi la misma distancia, pero tardé 2 horas más en llegar (sin contar las paradas). Entiendo que con un Audi RS4 (420 CV) es más complicado reprimirse con tantos kilómetros por delante.

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El barril llega a 120 dólares, pues bajamos a 110 km/h

Esta tarde, de camino del aeropuerto a casa, me enteré de lo de la limitación a 110 km/h por la radio. Cuando llegué a casa quise tirarme en plancha a publicar, pero se adelantó mi compañero Emilio. Desde entonces, no paro de tomar el pulso a la opinión de la gente y está claro que es una medida impopular de pelotas.

En 1973, debido a la crisis del petróleo y al conflicto del Yom Kippur, bajo el lema “Usted puede permitírselo, España no” (o algo así) se puso el límite de velocidad en España a 100 km/h. Eso duró hasta 1981, cuando se estableció a 120 km/h y no más por razones de seguridad vial (mismo motivo que se esgrime hoy día).

Desde luego, bajar los límites de velocidad ayuda a reducir la factura energética del país, aunque en el ideario popular eso es al revés. Antes de proceder, considero que la medida es desafortunada y de efectividad dudosa, y voy a explicarme para que nadie piense que soy un experto de barra de bar.

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Por qué estoy en contra del Movimiento 140

Movimiento 140En diferentes ocasiones me han pasado enlaces o comentarios acerca del Movimiento 140, una plataforma que solicita el aumento a 140 km/h en autopistas y autovías. Conozco su existencia desde sus inicios, pero no estoy de acuerdo con sus bases ni con sus fines. Me gustaría argumentarlo, no soy de justificar las cosas “porque sí”.

Para empezar, este movimiento está impulsado por una empresa de recursos de multas, que no parte de una situación imparcial ni desinteresada en este asunto. Es como si lo intenta impulsar Repsol o Pirelli, son negocios asociados a la circulación de vehículos.

Por otro lado, los argumentos en los que se basa la propuesta son muy discutibles. La cabeza del movimiento, Pedro Javaloyes, utiliza la palabra “manipulación” tanto como Fidel Castro dice “revolución”. Lo curioso de todo es que a veces se queja de la “manipulación” ajena con “manipulación” propia.

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Sobre concentración y velocidad

Pulso a la velocidad

Flor Zapata me ha pasado un enlace a un artículo de Autopista en el que hacen una relación entre la velocidad y las pulsaciones que experimenta un experto probador en un coche de alta gama, un Audi S6, berlina de 5 plazas y 435 CV de potencia, más 90.000 euros. Nos hacen llegar a la conclusión de que cuanto más rápido se circula (270 Km/h de tope), más pulsaciones por minuto y mayor concentración. Lo primero es perogrullo, lo segundo es discutible.

Si me pongo un pulsómetro y me pongo a 120 Km/h y luego a 270 Km/h (suponiendo un lugar donde pudiera hacerlo), evidentemente me subirían las pulsaciones, y los nervios, y la fatiga, y el estrés. En un Audi S6 cuando vas a 120 Km/h tienes una sensación de silencio y comodidad que a algunos conductores les aletarga. La compra de ese coche si se tiene la tendencia a dormirse así ha sido errónea, como si un conductor tranquilo se compra un Honda Civic Type-R, que en 6ª a 120 Km/h va a casi 4.000 RPM. La fatiga afecta negativamente a la concentración del conductor.

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El silencio hace a algunos más bellos (III)

Este vídeo está empezando a circular por la red con la misma rapidez que el “¿Por qué no te callas?”. Pere Navarro, en su coche oficial, sorprendido en carretera superando límites de velocidad o haciendo cambios de carril antirreglamentarios. Comprendo que no conduce él sino el chófer, pero que el Director de la Dirección General de Tráfico sea sorprendido así “en flagrante delito” es como mínimo de chiste.

Es el primero que tiene que predicar con el ejemplo. Si no le parece tan peligroso que en la M-40 se vaya cambiando de carril así de “pancho” y a 130 en vez de a 100 Km/h, que luego no sea tan categórico con sus afirmaciones sobre velocidad o que se aplique el cuento. Seguro que más de uno alucina con que lo que está leyendo lo haya escrito yo. Ya he dicho que no comulgo con este señor y sus tesis tanto como se cree.

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El caso de Becerril de la Sierra: ¡son 50 Km/h, corcho!

Cerca de mi hogar se ubica Becerril de la Sierra, un tranquilo pueblo madrileño que tiene la desgracia de estar atravesado por una carretera. Sí, una avenida, zona urbana, con su correspondiente limitación a 50 Km/h, pero que, visto lo visto, es “muy difícil de respetar”.

Hasta hace poco, además de las correspondientes señales con sus “RECUERDE”, parecía bien clarito que el límite es ese y no otro, por que la gente suele pasar más rápido y cuando me da por pasar a 50-55 Km/h (es que tengo esos prontos miratu), siempre llevo detrás al típico rompepelotas al que hay que enseñarle cada 2 metros las luces de freno para que quepa algo más que papel de fumar o compresas con alas entre nuestros paragolpes.

Como los conductores siguen “pasando” de la señalización, han tomado una medida: poner señales más grandes. Esta foto se tomó cuando se instalaron las nuevas, antes de quitar las pequeñas. Durante un momento pensé que era adrede para captar mejor la atención del conductor y no llegar al caso danés (que falso o no, es efectivo).

Si el consistorio llega a la conclusión de que no es suficiente tener una señal de “50” cada 200 metros o menos, cartelitos de “RECUERDE” y demás, tendrán que colocar un radar. Los habituales que empiecen a ser denunciados dirán que lo ponen para recaudar, me apuesto el pellejo. Es una avenida con curvas ciegas, muchas entradas a parcelas y varios pasos de cebra. Saltarse el límite no es precisamente una travesura menor. Si no, habrá que esperar a que atropellen a alguien. Este país funciona así.

La gran cagada de los radares

Ayer mi amiga Flor escribió un artículo de opinión sobre los radares, los puntos y las multas. Poco puedo decir más, aparte de lo que ha dicho ella, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice. Ojalá salga en portada de Menéame

La posibilidad de librarte de una retirada de puntos puesta por un “ciberpolicía” es tan sencilla como no declarar al conductor, se paga más y así, quien tiene suficiente dinero, puede pasar por debajo de los pórticos a la velocidad que quiera, por que sólo tiene que pagar el exceso de velocidad de turno y luego la “tasa” por no identificar al conductor.

Esta es una de las cosas del carnet por puntos que nunca me ha gustado, es una cagada, literalmente hablando. A quien no le afecta el bolsillo, los radares para él son sólo como pagar un peaje adicional por correr, y mientras se lo pueda permitir, la eficacia de estos elementos disuasorios pasa a ser nula. Es como cuando un coche extranjero es parado por la Guardia Civil. Si tiene dinero para la multa al contado, paga y se va.

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La reforma del código penal no será suficiente

Informaba hace horas en Motorpasión de la próxima intención de la clase política. Aquellos que sean sorprendidos conduciendo muy deprisa (>200 Km/h en autovía, >180 Km/h en secundaria o >110 Km/h en poblado) podrán ir a la cárcel entre tres y seis meses antes de fin de año. Me corté a la hora de dar mi opinión personal para tratar de ser un poco más objetivo, ahora me mojaré un poco.

Esta medida no será excesivamente popular, pero es una buena idea, si se hace de la forma correcta (y si dan ejemplo, que esa es otra). Los que circulan tan deprisa, borrachos (>1,2 mg de alcohol en sangre), con los puntos retirados (por algo será) o sin el permiso vigente, en mayor o menor medida son peligrosos y sobran del asfalto. De hecho, sobran más los que pecan de exceso de imprudencia que los que pecan de exceso de prudencia.

Por un lado, las penas no son largas, supondrán una putada para el que le “entaleguen”, pero dará tiempo a pensar un poco. Las multas se pueden pagar, los puntos te los pueden quitar (se pueden recuperar), pero estar desprovisto de libertad mezclado con los elementos menos recomendables de la sociedad, eso sí que es para meditar. Por otro, quien ponga en peligro la vida de los demás, estará más guapo 5 años en prisión que sobre el asfalto, atentando contra el más elemental derecho del ser humano, la vida. La tuya, la de tu padre, la de tus amigos, la mía, la de todos.

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