
Tal dÃÂa como hoy en 2004, me habÃÂa levantado a las 5 de la mañana. Me tocaba una clase doble de conducir para repasar la zona de examen (Móstoles, Madrid) antes de la segunda intentona. Me habÃÂa propuesto sacarme el carné antes de cumplir 21 años, tenÃÂa que ser esa vez.
Conmigo iban dos alumnos, un cani/pokero y una chica. Ãâ°l soñaba con llevar un Hyundai Coupé de su padre y logró que le suspendiesen a 500 metros del centro de exámenes. Es lo que tiene intentar salir delante de un camión sin prioridad (después de dudar durante medio minuto). Tuve al examinador soplando en mi nuca durante unos interminables 45 minutos, tiempo en el que estuve pensando formas creativas de aniquilar al chico y deshacerme del cadáver si suspendÃÂa. Pero me lo saqué habiendo dado 30 clases y por casi 1.300 euros.
La chica también aprobó. Unos meses después me enteré de que era la novia de un colega. Nos encontramos en casa de él y fue un clásico «nos hemos visto en alguna parte, ÿverdad?» No me avergüenza haber aprobado a la segunda, habÃÂa dado 24 clases y me faltó decisión en unas incorporaciones en Carabanchel directamente a la A-5. En esa ocasión habÃÂa ido conmigo una psicóloga de 33 años que suspendió por enésima vez, llevaba 77 clases y no se pudo hacer con sus nervios. Continue Reading