Más de uno se estará preguntando en qué planeta me he metido últimamente, que apenas doy señales de vida. La respuesta es sencilla. Al poco de cumplir 25 años y 1 mes satisfice una de mis ambiciones a corto plazo: independizarme, me resignaba a vivir hasta los 30 años bajo tutela paterna o materna. Lo que empezó como un hobby pagado ha acabado convirtiéndose en una actividad que me permite vivir de ella.
En la Campus Party, mi compañero de empresa Antonio Ortiz habló en una charla de si se puede vivir en los blogs. Sí, se puede, aunque no es algo ni mucho menos sencillo, ni extensible a cualquier persona. Tampoco puedo optar a grandes lujos, pero soy feliz con mi piso. No he comprado, pienso que es una absoluta locura, estoy de alquiler, pero no pienso aburrir a nadie con los detalles.
Por primera vez en toda mi vida, vivo en un paisaje urbano. He cambiado el piopio de los pajaritos por el piopio de los semáforos, árboles por farolas, paisajes por edificios… He dejado atrás mi amada sierra, impregnada de vivencias y recuerdos por todas partes, esto es un nuevo comienzo. De momento sigo sin conexión en casa gracias al competente personal de Ono, ocasionalmente me enchufo en una biblioteca y hago lo que puedo. La inmensa mayoría de amigos y familia me quedan a 30-40 minutos en coche.
En fin, que comienzo una nueva etapa, espero poder volver a una situación más normal para ponerme al día con cosas pendientes, ¡que tengo mucho por hacer! Y dentro de poco tendré que superar mi última época de exámenes como estudiante de Informática, acabaré aunque sea por encima de mi cadáver. Se me acumulan muchas cosas por contar, mejor que vaya poquito a poco…