Reflexiones

Puerta de Alcalá

Para evitar el apocalipsis vial (operación retorno), volví a la zona periurbana de Madrid después de pasar unos días en la Sierra a una hora prudente, en torno a las 19 horas. Afortunadamente apenas pillé tráfico, íbamos fluidos y a 100-110. Bajé de 5 l/100 km con un gasolina no-híbrido sin dificultad, no me dejaban ir más deprisa, y no había prisa alguna.

Ya desde la cuesta de Torrelodones-Casino de la A-6, me sorprendió una imagen insólita. Hacía tiempo que no podía ver Madrid sin boina. El aire era limpio de una punta a otra de la ciudad, se veían todos los edificios, parecía un pueblo pequeño. ¡JODER, SE VEÍA MADRID!

Ya en Getafe, salí a dar un paseo con mi novia por las calles, y eso daba gusto. La gente estaba en los parques, en los bancos, en la calle, apenas pasaban coches. Se escuchaba el piar de los pájaros, la risa de los niños o las conversaciones a poca distancia. Parecía que estuviésemos en un pueblecito en verano.

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