Le comentaba a una amiga el jueves que mi máxima aspiración con ruedas es el Ferrari Testarossa, coche del que estoy enamorado perdidamente desde que era un niño, no sólo por que tenemos la misma edad (casi, es del 84), también por una maqueta que tenía por entonces del coche y me hacía babear, y ahora a mis 24 años, también.

De modo que me he puesto a buscar anuncios. Vale, es un Ferrari y por tanto carísisímo, pero lo bueno de tener 24 años, es que se va depreciando. Encontré un anuncio de Barcelona, ahora ya sé que el precio de mi alma son 90.000 euros, pues vendería mi alma por ese coche. Es una atracción totalmente pasional e irracional, antes de morir tengo que hacerme con uno y darme una vueltecita. Lo cuidaría como si fuera un hijo. Ya he experimentado lo que es conducir un cavallino rampante y ¡¡¡me quedé con ganas de repetir!!! 😆
Viendo otros anuncios, la «broma» sale entre 50.000 y 100.000 euros más o menos, dependiendo del kilometraje, el estado… Pensándolo friamente, 50.000 euros no es precisamente una fortuna por el objeto material que más ansías. Eso sí, tendría que ahorrar una barbaridad durante años. Bueno, la vida es larga.
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