Personal, Reflexiones

Desguaces, el infierno del automovilista en la tierra

Recientemente acudí a varios desguaces de la Comunidad de Madrid buscando una pieza muy concreta de tres coches muy concretos: Toyota Supra (A70), Kia cee’d (ED) y Opel Astra (G). Iba con “lista de la compra”. Fue como un descenso a los infiernos, una vez que se pasa de la zona de la entrada y la recepción, empieza el calvario.

A todo amante de los coches le acaba tocando la patata, o corazón, llamadlo “x”. Si fuese de noche y hubiese luces de colorines y rayos, poco se diferenciaría la escena del comienzo de Terminator. Zonas yermas, muertas, pobladas de chatarra y restos de vehículos que acumulan mucha historia en sus interiores. ¡Ay, si pudiesen hablar!

Si el desguace es lo suficientemente grande, pueden estar colocados por marcas o por tipos de carrocería. A veces yacen en el mismo lugar varios modelos que son idénticos, especialmente aquellos que se vendieron en mayores números. El Opel Astra (G) es un clarísimo ejemplo, solo en Desguaces La Torre los había por decenas. Otros modelos, en cambio, no hay forma de localizarlos: se vendieron menos, son muy duraderos, se han cotizado… y el que llega, llega reventado por un accidente.

Desguace

Cuando uno se topa con un modelo más exótico, duele un poco más. Es inevitable pensar en que no aparentaba estar tan mal, que la chapa está en su sitio, sin rastros de accidente. Los buitres ya han pasado por su interior. Además de los elementos que el propio desguace retira previamente -por su fácil salida y reutilización, como retrovisores, tableros o volantes- parecen haber sido vandalizados.

Las tres “R” del reciclaje son reducir, reusar, reciclar

Y es que sacar una pieza de un coche de desguace no implica suavidad, ni el temor a romper nada.  ¿Qué más da? Lo que en su día fue un medio de transporte, un amigo, un compañero… ahora solo es chatarra. No tiene derechos, ni dignidad, ni ser recordado más que por su dueño -para bien o para mal- y los que convivieron con él. Sospecho que algunos individuos van a los desguaces únicamente por el placer de romper algo sin consecuencias, lo que explica que en algunos lugares no permitan desmontar nada sin un operario delante.

Es muy difícil ver un coche en “buen” estado, a menos que acabe de entrar, pero también es inevitable pensar un poco en que podría haber sido rescatado. En ese momento sufrimos temporalmente el síndrome de Diógenes. Más de uno lo adoptaríamos y lo tendríamos decorando nuestra parcela o salón después de ser acariciado por una sierra radial. En algunos desguaces hay modelos que son exhibidos como trofeos, donde son inalcanzables físicamente, achicharrándose al sol y a merced de todos los elementos.

Desguace

Se hace un nudo en el estómago cuando se encuentra un ejemplar que muestra signos evidentes de haberse dado un hostión de campeonato. Se pueden encontrar rastros de sangre si el morbo llega lejos, solo hay que acercarse a las marcas de la radial con la que un día los bomberos liberaron a un pasajero atrapado por los hierros. Es lo más parecido a visitar una tumba, pero sin la pomposidad de las lápidas ni el colorido de las flores.

Me viene a la cabeza como pensamiento fugaz lo que pudo pasar por la cabeza de Aniol, el chico que estuvo buscando cierto Toyota Supra por los desguaces de Gerona. Seguramente le daba miedo encontrar lo que andaba buscando y certificar su fin, en el fondo deseaba no encontrarlo, alimentar la esperanza de que alguien lo hubiese rescatado. Si no sabes de qué hablo, es que tienes que ver mi primer videoblog, luego sigue leyendo por aquí.

El terror de los coches apilados en campas es relativo, pero lo que sí pone las tripas del revés es ver cómo una grúa levanta un coche como si fuese un saco de patatas, lo eleva en el aire y lo introduce en la trituradora o la máquina de hacer cubitos. Llama la atención más cuando se trata de coches relativamente modernos. Joder, si muchos de los que pude ver perfectamente podían haber sido coches de prensa que haya conducido. Mi primer coche tenía matrícula 9308 CTF, estadísticamente es carne de trituradora. ¿Dónde estarás ahora?

Desguace
Este Ford Sierra perteneció a mi madre, hace 11 años que nos dejó, pero ella salió casi ilesea. Apenas pude conducirlo…

Ver la trituradora trabajando es realmente desagradable. Podríamos pensar que qué forma de reciclar es eso, si lo suyo sería desmontar los coches pieza por pieza y separar los distintos materiales para ver si se reciclan, si se valorizan (se convierten en combustible, relleno…) o se reutilizan tal cual como recambios para una segunda vida. Debe ser que no tiene sentido económico hacer tal cosa…

De acuerdo a la patronal del reciclaje de vehículos, SIGRAUTO, en nuestro país se reciclan entre el 85 y el 95% de los componentes de un vehículo en peso. Es decir, es una recuperación casi total, y eso que poco desmontaje tienen algunas unidades. Normalmente se trituran sin motor, sin ruedas y con algunos elementos retirados previamente. Si entra el motor directo a la trituradora hay que pensar que vino ya reventado y que no sirve ni para piezas.

En España en 2016 se “trataron” 543.930 turismos, 52.504 industriales ligeros y 15.012 todoterrenos, de acuerdo a los datos de SIGRAUTO. Esas cifras equivalen a algo menos de la mitad de la cantidad de vehículos nuevos que se venden cada año en nuestro país. ¿Eran viejos? Según la patronal sí, los turismos tenían en 2016 una edad media de 17,26 años, los VI  17,81 años y los todoterrenos 18,30 años. La edad media del parque español es de 12 años, podemos entenderlos como más que amortizados.

Debemos entender todo este sistema de vehículos fuera de uso como un mal necesario, no solo porque hay que retirar a algún lugar todo ese material y aprovecharlo en la medida de lo posible, sino porque hay que seguir vendiendo vehículos. Un mundo sin desguaces nos lleva a la Cuba de hace unos años, donde la vida útil de los vehículos se estiró hasta el extremo, hasta llegar a un punto en el que los famosos “almendrones” son Frankenstein rodantes con piezas de aquí y allá.

Sí, puede parecer una aberración lo de meter vehículos en trituradoras para convertirlos en piececitas que luego pueden separarse a conveniencia. Bueno, ciertamente es una aberración cuando hablamos de vehículos perfectamente funcionales pero cuyo dueño ha cometido algún pecado administrativo, como una importación ilegal. El ecologista que llevo en mi interior se revuelve de rabia, ¿por qué no mandarlos a un museo, a fines policiales o de cualquier otro tipo que sean útiles?

Cada vez que visito un desguace me siento abatido anímicamente. No puedo evitar sentir lástima y pena, aunque sean máquinas fuera de uso, chatarra a fin de cuentas. Lo que podrían contar si pudiésemos preguntarles. Sería como publicar un wiki con los diarios personales de la gente, un refugio de los pensamientos, los anhelos y las experiencias más inconfesables. Además, los desguaces no dejan de ser un simple recordatorio de lo que le esperan a nuestros restos mortales cuando nos hayamos ido: unos serán “valorizados” (incineración) y otros serán “reciclados” (inhumados).

Desguace

Pero algunos vehículos podrán escapar a ese destino, preservándose en museos. Con un mínimo de mimos, perdurarán en la Historia mejor que las momias de algunos humanos que en su día fueron ilustres. En ese sentido, los vehículos nos llevan algo de ventaja.

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4 Comments

  1. Victor

    En el desguace de mi pueblo tienen un Mitsubishi 3000GT, un Mini original, lo que parece el chasis de un Starion blanco con decoración Ralliart… Y luego mi viejo Ford Orion. La verdad es que coincido, a veces da pena entrar allí.

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  2. Carlos N.M

    Hola, Javier.
    En primer lugar, enhorabuena por la publicación del nuevo diseño del blog. Esperando estoy a ver los enlaces “en construcción” .
    Por otra parte, sólo puedo decirte que el artículo es digno de publicarse. Me ha parecido EX_CEP_CIO_NAL.
    Me ha hecho pensar de forma más emotiva si cabe en los tres coches anteriores al actual…
    Gracias publicar por tus pensamientos.
    Carlos.

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  3. Rest

    Sufro verdadera fobia a los desguaces.

    La última y única vez que los he visitado, fue para conseguir un faro a uno de mis, supongo extintos, XR3. Lo pasé muy, muy mal fatal. Pensé que tenía la sensación de contemplar inertización, pena y destrucción hasta que…..efectivamente, me di cuenta que era eso exactamente lo que se cocía bajo el Sol. Tantísimas obras de arte y tantísimas historias en esos adentros yendo a capricho y voluntad de azares sin retorno y sin final feliz, me obligó a delegar la gestión a un colega. Me superaba.

    Grima, mal rollo.

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  4. buruburu

    Hace años sí que visité desguaces y saqué piezas para arreglar un 124 o un R-4.
    Y coincido totalmente con tus impresiones: tierra seca, un olor característico, mezcla de grasa y campo, coches con golpes que ponen los pelos de punta…
    Pero eso es historia, al menos por aquí. En Desguaces La Cabaña ya no te dejan entrar a la campa. Ellos se encargan de desmontar y catalogar todo lo aprovechable de cada coche, de modo que la pieza que busques está en un almacén, o no está.
    Hasta te venden online, en https://desguaceslacabaña.com/
    Un signo más de que el mundo cambia. De hecho, la mayor parte de piezas que he usado con ese origen han sido mediante el taller que me estaba haciendo una reparación: p.ej., elegir entre un alternador nuevo y otro “reacondicionado”, que es uno viejo, pero con el buen funcionamiento comprobado.
    La verdad es que creo que ha sido una gran mejora.
    Respecto a la comparación humana… creo que es más ecológico el tradicional “convertirse en polvo” que en humo (CO2), que además requiere una gran cantidad de energía (y emitir más CO2). Pero bueno, la moda actual es ésta.

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