Reflexiones

Tras el Carmageddon de Valencia, es la hora de los buitres

Qué decir sobre la DANA de 2024 en Valencia que no se haya dicho ya. Ha sido una catástrofe. Doy gracias porque ha afectado mínimamente a los amigos que tengo allí, no deja de ser el tercer territorio de España donde más horas he pasado en mi vida, y en los últimos 20 años prácticamente no he dejado de ir. Pero eso no quita que me haya impactado, como a todos, a nada que uno tenga algo de empatía.

Pasado ya lo más gordo, y según se van atendiendo las necesidades de las personas, que es lo más importante, hay que ir pensando en otro tipo de consecuencias. Dependiendo del medio, he visto estimaciones de 75.000 a 120.000 vehículos que han quedado inservibles por haberse inundado o por los golpes que se han llevado al ser arrastrados por el agua como si fuesen papel de fumar.

La palabra «Carmageddon» tiene otras connotaciones para todo el que haya tenido un PC en los años 90, pero permitidme que la use en este contexto. Ha sido una extinción masiva. Todos hemos podido ver en televisión la democratización del desastre, la fuerza del agua no ha distinguido entre coches con matrículas provinciales y los que las tenían recién horneadas. En garajes o en la calle, ha dado igual.

Coches en un desguace de TORRENT (Valencia)

El Consorcio de Compensación de Seguros va a indemnizar con un 20% por encima del valor venal de los coches que tenían un seguro, da igual su modalidad, pero hablamos de unas cantidades ridículas. Por ejemplo, para quien tenía un coche con más de 10 años, tendrá suerte si le dan 1.000 euros. ¿Y qué se puede comprar uno con ese dinero? Hoy día, poca cosa que funcione…

Por ejemplo, en El Mundo tenemos este titular: La ruina de las ayudas para los 100.000 coches afectados: «Me pagan 500 euros, pero uno de segunda mano cuesta 2.500». De repente hay una demanda imprevista en un mercado relativamente pequeño, donde en función del bolsillo de cada uno van a arrasar con todo lo que haya en stock. Obviamente, más de un hijo de Putin aprovechará esto para sacarse un extra por la ley elemental de la oferta y la demanda, e incluso van floreciendo estafas.

En otro orden de cosas, todo ese volumen de coches inservibles que deben ir a un CAT (en lenguaje común, desguace) es imposible de gestionar por todos los de la zona, así que puede que acaben repartidos por varias comunidades autónomas. Se aprovechará de ellos todo lo posible, no todo es inservible, pero está claro que no serán tan rentables como un coche que llega allí simplemente por cansancio, sin golpes ni daños tan grandes.

Siento ser el aguafiestas que lo diga, pero el repunte de demanda de los valencianos va a contagiarse a todo el mercado de seminuevos y usados, así que si alguien está pensando en comprarse un coche próximamente, que tenga en cuenta que los precios pueden subir, no es un fenómeno que vaya a quedar encerrado en los límites de la Comunidad Valenciana y no afecte a los demás. Claro que va a afectar.

Si la falta de coches nuevos tras la pandemia hizo que hasta cualquier chatarrilla subiese de precio, esto también lo hará. En el caso de que estés leyendo esto porque eres parte afectada, sólo se me ocurre decirte que seas paciente y prudente, que el riesgo de ser estafado ha subido a máximos, y que es la hora de los buitres. Lo aprovechará el que pueda y tenga pocos escrúpulos.

Pero bueno, no dejan de ser cosas materiales, lo realmente importante es la gente, los que se han ido, los que siguen desaparecidos y los que todavía están esperando a que alguien se acuerde de ellos. Los vehículos se compran y se venden con dinero, este se gana y se pierde; tiene arreglo. Y tiene mucho sentido que tanta gente se jugase el pellejo para intentar salvar su vehículo de la inundación, porque esto se veía venir.

La aritmética perversa de los valores venales, que está desconectada de la realidad del mercado, hunde artificialmente el valor de los coches y aumenta las pérdidas para los dueños. Da igual el valor que pueda tener un vehículo para uno, que una tablita dice que vale x, y que según pasen los años, vale menos y menos, aunque los precios de transacción no se parezcan en nada.

He pensado más de una vez en qué habría pasado si yo hubiese estado en la zona en medio de la DANA, y estuviese viendo que o saco el coche de un garaje o me quedo sin él (me da igual cuál, todos tienen más de 10 años), y que después el seguro me compensaría con unos cientos de euros que con suerte me dan para pagar el seguro de otro que me compre. Si no hubiese percibido tanto peligro -como muchísima gente-, pues igual me habría ahogado intentando sacarlo.

En cambio, si fuese un coche de menos de dos o tres años, sabiendo que el seguro me indemnizaría con prácticamente su valor de nuevo, habría pensado: «Fue un placer, ya me espero a que me den otro, que no me la juego ni un pelo». Así de maravilloso es el mundo de los seguros, que uno paga en previsión de que pueda pasar algo, y cuando eso pasa, la letrita pequeña reduce la compensación todo lo que es posible. Es lo que hemos firmado, y a joderse. Lo dejo como reflexión.

Un afectuoso saludo para todos los valencianos y cualquiera que haya sido afectado por este desastre natural. Espero que, entre las lecciones que se deriven de esto, alguien mueva el culo para que la próxima vez que ocurra -porque es algo inevitable- las consecuencias sean mucho menores, como preparar las infraestructuras hídricas para otro día de furia de los elementos.

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