
Es algo más que una formalidad, es un deseo sincero de que 2011 sea mejor que 2010 y empecemos todos a levantar cabeza.
Es una oportunidad de empezar a tener buenos propósitos (pero luego hay que cumplirlos), como conducir de forma más eficiente, ser más responsables al volante, meter el concepto de cordialidad y paciencia con los demás en carretera, de eliminar esos típicos vicios y malas costumbres, de ir con menos prisa, etc.
Aún no tengo las cifras, pero se supone que en 2011 ha habido menos víctimas en carretera a 24 horas que en 2010 (el cómputo total se conocerá en verano). Sigamos trabajando todos para que esas cifras horribles sigan bajando, pues más que cifras, hablamos de personas ante todo.
Seas amigo o «enemigo dialéctico», familiar o no, conductor o no… mis mejores deseos para 2011, en Navidad, fuera de ella, o durante el Ramadán, ¡es igual!





