Personal

Llaves

Las últimas 48 horas han sido para mi un puto infierno. Lo que se ve en la foto es obvio, las llaves de mi coche… durante ese mencionado plazo, no las he visto, estaban desaparecidas. El sábado a media tarde me dispuse a irme de compras y me puse a buscar las llaves del coche, no recordaba dónde las había dejado.

Después de dar vueltas a la casa durante tres cuartos de hora y empezar a tirarme de los pelos, me pregunté porqué tardaba tanto en encontrarlas, si siempre las tenía localizables… ¿y si no están en casa? «A ver Javier, piensa, ¿dónde fue la última vez que las viste y cuándo?»

En teoría entraron en casa, porque para subir del garaje al piso las necesito, o el ascensor no funciona. En ese momento, hice memoria, y me acordé del jueves por la noche, la última vez que había conducido. Venía de ver a un amigo, eran como la 01:30 y estaba cansado. Saqué del coche un par de mochilas y una bolsa.

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Personal

Citroën C2

Me propuse sacarme el carnet de conducir antes de los 21 años, por mis huevos, y lo logré. Aprobé el examen práctico el 2 de julio de 2004, hace ya seis años, a la segunda tentativa. La primera se me quedó frustrada por un par de ceda el paso mal ejecutados cerca de Carabanchel. Qué cortos se me han hecho estos años, madre.

Por entonces, ya llevaba casi tres años ayudando a mi abuelo Paco con su página Web. Le recordaba con frecuencia la importancia de las pruebas en el tráfico de la página, pero con tantos años de profesión a sus espaldas, lo cierto es que a mi abuelo cada vez le hacía menos gracia probar coches. Así que me espetó «si quieres que haya pruebas, los vas a probar tú». Solo pude decirle: «¿Me estás vacilando abuelo?», a lo que respondió «No».

Y así, sin quererlo ni beberlo, empecé en este mundillo. ¿Y cómo va a probar coches alguien que tiene la «L» recién horneada? Pues aprendiendo. Qué remedio.

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Personal

Toyota Supra

Tras la pequeña introducción que hice el otro día, me tiro a la segunda parte. Entre los coches que más me gustan, se encuentran coches potentes, o con motores gordos. Vaya incongruencia si defiendo la conducción eficiente, la movilidad sostenible y una forma de conducir fundamentada en la seguridad. O no.

Ahora bien, ¿por qué es incongruente? Es una cuestión interesante y hay varias formas de abordar este debate. El mejor ejemplo que puedo poner es el de mi coche particular, un Toyota Supra. Pondría más ejemplos, pero es que no tengo otro coche… de momento. Cuando la hucha crezca un poco ya se verá.

Podemos tender a pensar que el que tiene un coche potente es un hipócrita si defiende lo que yo defiendo, pero no es tan sencillo como eso. Por eso voy a intentar demostrar que eso no tiene por qué ser así, y que eso corresponde con una visión muy limitada y parcial de lo que es el automóvil.

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Personal

Toyota Supra

Sé que no tengo necesidad de justificarme ni de dar explicaciones de por qué siento el automóvil como lo siento, pero creo que no está de más dejar algunas cosas claras. Sé que soy conocido por estar a favor de la conducción eficiente y sobre todo, de la conducción segura, porque estoy convencido de que es lo suyo. Debo dar una imagen de Flanders que lo flipas.

Ahora bien, muchas veces se me malinterpreta y se me juzga por lo que digo o dejo de decir, o por lo que hago o dejo de hacer. He leído que no soy un enamorado del automóvil, y lo primero que me vino a la mente al ver eso fue un «Habla como si me conociese, y lo cierto es que no me conoce».

No recuerdo desde cuándo me gustan los coches. Es más, puede que nunca no me hayan gustado. Mis padres me contaron que cuando no sabía ni hablar y viajaba en una sillita infantil, cuando encendían los limpiaparabrisas, yo tendía a seguir su movimiento con mis pies. Me despertaban curiosidad, vaya.

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Economía, Personal

Este vídeo muestra el crash test de un Chevrolet Malibu de última generación contra un Chevrolet Bel Air de los años 50. Son 50 años de diferencia en seguridad… y en concepción automovilística. Me sirve como introducción para el «cuento» de hoy.

Antes de que General Motors fuese intervenida por el Gobierno de Estados Unidos, se me fue la pinza y compré 75 acciones de un valor que estaba en un ridículo nivel de 3 dólares/acción, cuando había valido 40 hace poco tiempo. Me pareció una oportunidad de especulación, ya que con el rescate esperaba una revalorización. Hice el gilipollas.

Las acciones fueron perdiendo valor hasta que la empresa fue intervenida por el Estado. Cambiaron mis 75 acciones de General Motors Corp. a Motors Liquidation Corp., a un precio de 30 centavos por acción. Ahora valen 56 centavos… pero en cuestión de semanas o meses, dejarán de valer una mierda. Para entenderlo, hay que ver cómo se ha hecho el proceso de rescate.

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Personal, Toyota

Toyota Supra - Motor 7M-GTE

Me sigue haciendo relativa gracia que haya gente que cuestione mi objetividad con la marca Toyota. Les voy a poner un ejemplo gráfico, por eso de despejar las dudas. A lo largo de esta semana se ha publicado la prueba del Toyota Prius Plug-in (enchufable, parte 1 y parte 2), que ha coincidido con que mi Toyota Supra está en el taller.

En la prueba, he dicho lo que tengo que decir. Recibí como obsequio por asistir a la presentación una caja de tomates ecológicos. Mientras tanto, mi coche ha hecho frente a una factura de taller que asciende a 1.040 euros, casi 10 horas de mano de obra y el resto han sido repuestos.

Aunque tenía motivos para estar bastante cabreado por el palo que se lleva mi bolsillo, he procurado aislar eso de mi cabeza y escribir la prueba del Prius con toda mi profesionalidad, diciendo las cosas tal y como son. Pero da igual cuánto me explique, que siempre habrá alguien que diga que me he vendido. Pues si me he vendido por unos tomates, tras haberme puesto el culo como la bandera de Japón, es que decididamente soy gilipollas.

Y por cierto, el 100% del importe de la factura del taller va a salir de mi bolsillo, no he disfrutado de ningún tipo de atención preferencial, soy un cliente más.

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Mecánica, Personal, Toyota

Toyota Supra

💡Si has venido a mi blog buscando información sobre el GLP, te invito a visitar mi portal especializado en el tema, QuieroGLP.com 💡

Antes de seguir escribiendo, os debo una disculpa a todos los que me leéis. Desde que probé en una presentación de Chevrolet un coche propulsado por GLP, me pareció un invento excelente y que debería masificarse en bien de nuestros bolsillos, el medio ambiente y la diversificación energética.

El problema es cuando quieres convertir tu coche a GLP, aquí viene la jodienda. En teoría, cualquier motor de gasolina puede ser adaptado para funcionar con gas, da igual que sea carburado o de inyección, turbo o atmosférico, transversal o longitudinal… pero otra cosa es homologar eso, claro.

Entre 2008 y 2009 cambiaron la normativa en España, y nos han JODIDO a todos los que nos hemos planteado adaptar un coche antiguo (y no tan antiguo) para utilizar este combustible. Para empezar, se considera una reforma de importancia según el Manual de reformas del MITYC, concretamente la nº4.

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Personal

Yo también he leído un artículo de El País en el que se habla de Cristina, una chica superdotada con cociente intelectual de 170 a la que por poco le joden la vida. ¿Quienes? Los mediocres, los que tienen miedo de alguien diferente, los que se sienten inferiores y la han machacado.

Ser superdotado es, más que una bendición, una enfermedad social. Cuando te diagnostican, te joden. Conozco todas estas cosas muy de cerca, pues en mi vida escolar he tenido problemas por tener un rendimiento superior al de la media (dejémoslo ahí), aunque lo mio no ha sido tan fuerte como lo de esa chica.

La media de la población tiene un cociente intelectual (CI) de 100 unidades, a partir de 130 se considera sobredotación intelectual, y cuanto más alta es la cifra, menos individuos hay. Por suerte o por desgracia, me quedo en «Inteligencia brillante» o «Sobredotación intelectual» dependiendo del método. En la Wikipedia lo detallan mejor.

Acabo de salir del armario.

A todo el que destaca intelectualmente le tendrían que decir de pequeño «y procura que no se note mucho», para no ser diferente, ni ser etiquetado. Creo en la inocencia de la infancia, y también creo que en que algunos niños pueden ser unos auténticos hijos de puta, iguales o peores que los adultos.

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