Todo proceso empieza por algún lado, como el arranque del automóvil. Esta etapa, que puede parecer trivial, es importante desde el punto de vista de la conducción eficiente. Como ya viste en Mecánica para principiantes, gran parte de la energía del petróleo se desperdicia en fricción y calor dentro del propio motor. En el arranque y durante cierto tiempo, estas pérdidas son superiores.

Los motores térmicos (gasolina, diesel, gas natural…) están diseñados para cumplir un cometido: convertir la energía química del carburante en movimiento. Los ingenieros determinaron que estos motores funcionan mejor a una temperatura determinada. No pueden estar demasiado frios, ni demasiado calientes. Cuando arrancamos el motor, como el motor estará frío si no se ha utilizado en horas, se va a perder combustible hasta que el motor alcance la temperatura óptima de funcionamiento.
Existen dos tipos de motores principales: de combustión (diesel) y de explosión (gasolina). En un motor diesel, se comprime una mezcla de aire y gasóleo hasta el punto en el que prende y se aprovecha la energía para mover uno o más pistones. Por otro lado, el motor de gasolina comprime una mezcla de aire y gasolina, pero utiliza chispas producidas por las bujías para que la mezcla explote y utilizar esa energía para mover los pistones.