Cuando el otro día comentaba la sentencia absolutoria del conductor asturiano que circulaba a 260 Km/h «sin ser consciente de la velocidad a la que iba», creí que habíamos tocado techo en cuanto a desfachateces legales en la semana -al ritmo actual- pero no, se han superado a sí mismos.
El permiso se le retiró a este señor de forma cautelar, y lleva 13 meses sin conducir (o sin decir que conduce). Al retirarse el cargo por vía penal, la retirada es de tres meses y calderilla 1.000 euros de multa, con lo que este señor pretende darle la vuelta a la tortilla y exigir daños y perjuicios por el tiempo que no ha podido conducir. Vamos, la releche, por decirlo de forma suave.

Constantino es capataz, y «necesita el coche a diario». El A8 no era de su propiedad, sino de la empresa. Me pregunto yo si no cuesta mucho que le lleve un chofer u otra persona, o que haga como el resto de los mortales, utilizar el transporte público o taxis, que un A8 no lo compra precisamente un pobretón y el negocio de la construcción da unos beneficios de escándalo.

Ahora la jueza que investiga el caso 
