Un día, me despertó una llamada de teléfono. Me llamaba Emilio de Renault, hecho una furia, preguntándome por cierto Renault Laguna que hacía 2 meses que debía haber devuelto. Maldita sea, aún seguía aparcado en mi calle. Estaba muerto de la vergüenza, «¡Enseguida bajo a devolvértelo!». Segundos más tarde, desperté.
He soñado varias veces que había coches que «se me había olvidado» devolver (no precisamente por que me entusiasmasen, sino por desidia) y que como pasaba el tiempo me daba más palo devolverlos y ahí seguían. En casi 4 años de probador, sólo he devuelto un coche tarde, 1 día, por encontrarme mal. El resto de las ocasiones he pedido permiso previo para estirar un préstamo un día o dos, pero siempre he cumplido. No entiendo ese temor subconsciente.
Hoy ha sido un poco más curioso. Medio dormido, medio consciente, estaba pensando en qué coche pedir próximamente. Estaba pensando en un modelo concreto X 3 puertas, de una marca Y, pero no, tengo que avisar a esa marca con más antelación y me dirán que para dentro de un mes.
Después de desayunar, ya espabilado y tal, me llega una llamada de la marca Y. Me dicen que si la semana que viene puedo recoger el modelo X para probarlo. Acto seguido he dicho «¿Me habéis leído el pensamiento mientras dormía? ¡Pensaba pedir exactamente ese modelo, con ese motor!». La señorita que me atendía se rió, muy disimuladamente, pero a fin de cuentas se rió. Mejor imposible.
Ale, solucionado, todos contentos e hiperfelices 😀 Para postre como lo quería, en 3 puertas.



