
Muy recientemente conocimos las intenciones del Ayuntamiento de Madrid de declarar la guerra a la contaminación y a poner patas arriba el modelo de movilidad de la capital en pocos años. De todas las medidas anunciadas -30 ni más ni menos- había que leerse el PDF completito de 160 páginas. En él se encuentra la siguiente perla, página 83:
«Horario de prestación del servicio [del SER]: Adecuación de los horarios de regulación en zonas que presentan especiales características de demanda de transporte privado tanto en horario nocturno como en sábados tarde o domingos y festivos.»
Si los parquímetros empiezan a funcionar las 24 horas del día en los pocos sitios de la ciudad a los que tengo que ir, directamente dejaré de ir. Mi coche ultracontaminante no empeorará el problema de Madrid, aunque me haya gastado 3.000 euros en ecotuning para que sea lo más limpio posible (híbrido Euro 5 a GLP, que pasaría Euro 6c con la punta de la nariz). El escape es tan limpio que a veces es más sano lo que sale del tubo que lo que me entra por la admisión.
Sé que mi caso no es representativo, pero lo voy a exponer de otra forma.
Desde que hay que pagar por aparcar en Madrid, he procurado ir a la capital lo mínimo posible, y he tratado de reducir mis incursiones capitalinas al horario en el que no funciona el SER, que los operarios merecen descansar. Mi bolsillo también. Aunque hay que pagar, encontrar aparcamiento en según qué zonas es una odisea. Lo sé, y ser vecino en esos barrios tiene que ser un infierno. Mi coche antiguo ni se me ocurre bajarlo a Madrid, para que me lo arañen aparcando o quede tiznado con porquería aérea, lo dejo donde está.




