Me he comprado un Toyota Paseo – JavierCostas.com
Personal, Toyota, Turismos

Me he comprado un Toyota Paseo

Hace tiempo que venía rumiando la idea de comprarme un Toyota Paseo. La primera vez que me fijé en uno de estos coupés humildes de finales de los 90 fue cuando vivía en Sevilla, vivía bien con el dinero que ganaba y era un simple capricho razonable. Esta vez me he desquitado, ahora que vuelvo a respirar a nivel financiero al trabajar con gente que valora lo que hago de forma justa. Estaba hasta los cojones de pasar penurias económicas y de no poder permitirme un buen capricho.

No necesito este coche para nada, ya tengo dos, y lo he comprado por la simple razón de que me salió de las pelotas. También lo he comprado por fastidiar: no tiene distintivo ambiental (donde vivo, es un adorno en el cristal), es un coupé (estoy harto de tanto puto SUV), ligero y divertido, tiene 24 años (¡Pere! ¡Soy un peligro rodante!), me apetecía tener un utilitario con un mínimo de personalidad, la marca ya la conozco de sobra, y se cruzó en mi camino una unidad muy decente. Lo vi un jueves y me lo llevé un sábado por la mañana. Es mi cuarto Toyota.

Cumple con los tópicos y están verificados: casi siempre garaje, único dueño, no fumador, no circuito, no cortes de inyección, mantenimientos en la casa durante los primeros 13 años, etc. Era de un señor mayor, de la edad de mi abuelo, a quien he transmitido a través de su hijo que esté tranquilo, que cuidaré mucho de su coche y no pisará un desguace a menos que me hostien. Seré su segundo dueño.

Este coche se matriculó en octubre de 1997, apenas llevaba un par de semanas yendo al instituto, porque yo entré en 3º de la ESO directamente con 14 años. Fue el año en el que dejé de ser un niño y empecé a ser un adolescente. Es el año en el que nacieron mis compañeros de promoción de la carrera de Periodismo. A nivel personal, fue un año importante, pues ale, ya tengo un coche del 97.

Pese a lo que habéis visto en el anuncio, mi orientación sexual sigue siendo la misma. En Japón se conoce como Toyota Cynos. Es un modelo de la segunda generación, EL54. Lo hubo coupé y descapotable, con un rabioso motorcillo de 90 CV y 16 válvulas que va sobrado para mover menos de una tonelada de coche. Tiene todos los cilindros necesarios, no está amputado. Y me hace sonreír cuando lo conduzco.

Tiene por delante una revisión a fondo que me costará una pasta -más o menos como una revisión del Prius-, suspensión nuevecita, dejarlo precioso para las fotos y cosas por el estilo. De momento se va a quedar 100% stock, que en unos añitos lo podré legalizar como histórico. Puede que le ponga unos muelles más cortitos, pero no voy a «atunearlo».

Me ha salido a menos de 2.000 euros. Tuve la elemental precaución de no contarle nada a nadie para no recibir opiniones, ya sé que es una «mala idea» y me la suda. Mi novia se enteró medio a traición y la familia a compra consumada. Antes de que penséis que estoy loco, deciros que ponerlo a mi nombre cuesta menos de 100 euros, que el seguro me cuesta menos de 250 al año, que el primer año solo voy a pagar de «numerito» unos 6 euros, y a partir del 25º año ya no va a pagar más. Ventajas de leerse la ordenanza municipal del IVTM.

Para ser un «coche viejo», los consumos andan sobre los 6-7 l/100 km para el personal, todavía no sé lo que me gasta porque no he gastado el depósito medio lleno que me dejó el dueño. Todos los avances que hubo en motores en 24 años nos los hemos cargado con peores aerodinámicas y peso innecesario. A este coche no le sobra nada, por no tener, ni se puede ajustar el volante, cuando freno fuerte bloquea ruedas (ya no tengo escapatoria respecto al no-ABS), y las llantas son de 14″ con tapacubos.

Tiene algún lujito suelto como el ajuste eléctrico de los espejos, radiocasete (original, y suena bien), climatizador con aire acondicionado, dirección asistida, elevalunas eléctricos, cierre centralizado, doble airbag frontal o rueda de repuesto del mismo tamaño que las demás. Es un coche sencillo y no engaña en modo absoluto con mierdas innecesarias o que no son funcionales. Es lo que ves, ya está.

Otro día os contaré más cosas sobre él, de momento nos estamos conociendo. No leí ninguna prueba sobre su comportamiento antes, me arriesgaba a que fuera un coche muy anodino, pero en las tres primeras marchas es divertidísimo. Además, verlo aparcado me produce una sensación de placidez y bienestar. Y del dueño he heredado la factura de compra, el catálogo de 1997 y más documentación de la que esperaba.

Disculpad las fotos genéricas, pero no voy a hacerle una sesión hasta tenerlo limpio. Apenas he tenido tiempo para darle una aspirada a fondo y sacar todo lo que había bajo asientos, moqueta y lugares recónditos. De chapa está perfecto, solo tiene un par de golpes leves en los paragolpes de aparcamiento, nada que no tenga solución, y las ruedas tienen un par de años. Como son chinorras, las acabaré sacrificando en algún momento para ponerle calzado decente.

Estoy hasta por ponerle unas all-season como el Prius para ser la máquina definitiva antinevadas. Es de tracción delantera, pero ha quedado épico de narices, ¿eh?, cosas del perfil 185. En fin, chicos, que últimamente estoy disfrutando más de la vida, ahora que tengo más tiempo y cobro más, y como dice un youtuber que me causa simpatía, «espero que estéis bien, que nada ni nadie os impida ser felices, y bienvenidos al Teatro de Will».

Cuando esté de mejor humor, y pueda malgastar un buen rato al teclado, os contaré por qué no estoy en espíritu RACER. No ha sido por mi iniciativa, podéis estar seguros de que yo no abandonaría un proyecto tan personal y tan especial para mí sin más. He dejado una explicación rápida en Twitter, para el que le interese.

PD: Gracias, Ángel Martín, me ayudaste a decidirme con tu coche del día 😉

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