Esto cada día se parece más a la Guerra Fría. «Tu pones radares, yo uso detector de radares. Tu pones coches camuflados, yo busco 2 pasajeros con un chaleco reflectante. Tu pones controles de alcoholemia y yo me tomo un producto que…». Acción, reacción. El conductor se siente perseguido por el Estado, que no piensa en que se preocupe por que no se mate o se libre de un accidente, no señor.

Sólo persiguen para recaudar, que como no les llega el presupuesto, van al asalto de pobres conductores distraídos -como hacía Curro Jiménez– que pasan por un pórtico a 150 Km/h, por que total, es casi como ir a 120 Km/h, que es una velocidad para vejetes y domingueros. Donde antes podía ir a 200 Km/h (recta con visibilidad, kilométrica, vallada, sin tráfico), ahora uno se tiene que fastidiar y pasar como mucho a 133 Km/h para que no recauden a su costa. Ahora retíresele la ironía a mis palabras.
Lo último en evasión de radares es un producto en spray que rocía la matrícula con una capa «invisible», que, cuando un radar tira una foto, la imagen que capturan es borrosa o insuficiente para formalizar una denuncia. Aparentemente, el producto no es detectable a simple vista.


El pasado 8 de febrero