Reflexiones, Seguridad vial

Casi nadie, por no decir absolutamente nadie, se acerca acuerda de su nacimiento. En ese momento, llorábamos, estábamos rodeados de gente de blanco y no teníamos capacidad de raciocinio. En cambio, unos pocos han experimentado una sensación por una parte horrible, por otra parte una bendición: volver a nacer.

Es una experiencia que no recomiendo a nadie, la sufrí una vez, cuando tuve un pequeño accidente, en el que sólo estuve involucrado yo mismo. En esos momentos, pasa toda tu vida por delante de tus ojos y luego cuesta mucho dormir. Te pellizcas para comprobar que estás vivo y le das unas cuantas vueltas hasta que «pisas el suelo». Pero vives, puedes contarlo, y a partir de ese momento, algunas cosas cambian, normalmente para bien.

Es triste, pero hay gente que no aprende hasta ese momento, cuando ya se toma las cosas de otra forma. Quien no aprende de la experiencia, es un caso perdido. La vida nos da una segunda oportunidad. Os presento un hecho real, con protagonista real, nada de anuncios de la DGT:

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Reflexiones, Seguridad vial

Este comentario en una noticia del diario 20 Minutos me ha llamado poderosamente la atención (sic):

«Yo era de las que no bajaba el coche de 140, adelantaba por la derecha a los viejos inutiles que no se quitaban ni a tiros, salia escarbando de los semaforos… etc
Y una tarde, yendo a 90, cayo una tromba de agua horrible, de las que no ves a mas de 1m del coche, reduje una marcha, levante el pie del acelerador y… al entrar en una curva se habia formado un charco enorme, el coche me hizo aquaplaning y me fui a la mierda. Varios trompos, vueltas de campana y el coche quedo parado de costado a unos 3m de un rio (no me ahogue de chiripa).
Pues bien, no me paso nada (ni un rasguño) gracias al cinturon. Aunque al dia siguiente tenia un bonito morado (tirando a negro) que me cruzaba desde el hombro izquierdo hasta la cintura del lado derecho.
La unica herida que tenia (un corte) me lo hice al saltar por la ventanilla del copiloto para salir del coche.
Gracias al cinturon puedo contarlo y hoy tengo 2 cumpleaños.», por TiGaNa

Hay formas más saludables de darse cuenta de ciertas cosas, pero está en mano de uno aprender antes de necesitar una experiencia por el estilo o de pagar con la vida por ello. Y contra eso, no vale de nada ni la DGT, ni la Guardia Civil, ni Pepito Grillo… sólo tú.

Radares, Reflexiones

La opinión pública está empezando a conocer que muchos guardias civiles, manipulando los cinemómetros que ponen multas por exceso de velocidad, no disponen de la certificación necesaria para su manejo o disponen de la misma, pero falsificada. Esto inmediatamente dará que pensar que no tienen legitimidad para poner multas, aunque veo eso un poco discutible.

Pongamos que el señor Alfredo viaja con su coche a 154 Km/h por una autopista cualquiera, y un agente le caza con el radar y le ponen una multa. Supongamos que el agente no dispone de la adecuada certificación. ¿Qué va primero, el huevo o la gallina? ¿Es más culpable el agente o el infractor? El hecho de que se ha cometido una infracción no se ve alterado por la certificación del agente, otra cosa sería que se equivocase.

Si el señor Alfredo circula a 120 Km/h de marcador por una autopista y le llega una multa por pasar de 133 Km/h, entonces si, que recurra, y si se descubre que el agente en cuestión no tenía certificación, que proteste, más que nada, por ser injusto.

Eso sí, al que corre y le pillen, agente certificado o no, que no proteste. Por otro lado, es una vergüenza que algo así pase en la época actual, o que se presione al Cuerpo para que llegue a una couta determinada de multas. No ayuda nada a que el ciudadano confíe en el sistema.

Fuente: elConfidencial.com

Reflexiones, Seguridad vial

A fuerza de tratar el mismo tema tantas veces, nos aburrimos y llega un punto en el que no le hacemos ni caso. Que si guerras en las antípodas, tifones en Asia, el genocidio de pueblos antiguos, regímenes corruptos… basta con ver el telediario. Catástrofes y desgracias que nos parecen lejanas, mientras aquí, en el primer mundo y en el estado del bienestar -según gustos- tenemos nuestras propias epidemias.

Fuente: RACC

El consumo de drogas, la siniestralidad en el tráfico, los accidentes laborales, violencia doméstica, acoso laboral… No tenemos todos los problemas de otros países pero tenemos otros. A nadie le llama la atención en la actualidad el hecho de que la primera causa de muerte en los jóvenes de 15 a 29 años es la carretera, por encima del SIDA y de las drogas. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Los jóvenes, por definición, podemos ser impulsivos, arriesgados, inconscientes… y a la vez tener unas facultades psicofísicas perfectas, sentido de la responsabilidad, respeto al prójimo… En el colectivo al que pertenezco, las generalizaciones suelen tirar más hacia lo negativo que a lo positivo. ¿Y por qué? ¿Acaso la mayoría de jóvenes es irresponsable, adicta a drogas, irrespetuosa, cafre, incívica…? La verdad, prefiero pensar que no. Casi todo el mundo conoce en su círculo a un conductor joven que se hace Madrid-Barcelona en menos de cuatro horas y a la vez, a un chico o chica muy cauto que nunca se salta los límites de velocidad y que es más que prudente.

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Deportivos, Opel, Reflexiones, Turismos

Ocurrió el pasado fin de semana en California (EE.UU.), durante una prueba del Opel GT, el nuevo deportivo de la marca alemana. Michel Barelli sufrió un tremendo accidente que le segó la vida. Tenía 54 años y escribía para el medio francés Nice-Matin. Por lo visto, perdió el control del coche en una zona de curvas y cayó por un terraplén. Estaba realizando la prueba con Patrick Louis, de 47 años. Este último acabó con daños faciales de importancia, pero saldrá de esta.

«El tramo de carretera era de montaña, con un trazado serpenteante y giros que pueden ser definitivamente un problema para quien no los conoce», afirmó el portavoz de la policía de tráfico de California.

Es muy triste que estas cosas pasen, pero hay que admitir que dentro de la profesión de periodistas del motor, algunos se toman demasiado en serio su trabajo y corren a veces más riesgos de los necesarios. En las pruebas, a veces es necesario buscar los límites de un determinado coche para poder ofrecer una información más fiel a la realidad, pero excedidos los límites, los fallos no suelen perdonar.

Descanse en paz.

Fuente: Journalist Killed Testing Opel’s GT – German Car Scene

Reflexiones, Seguridad vial

En las vías públicas, tenemos que convivir diferentes colectivos: peatones, conductores de turismos, motociclistas, ciclistas, vehículos especiales… Dicha convivencia no siempre es sencilla o agradable para todos, pero hay que hacer todo lo posible para facilitar dicha convivencia, y en último término, no poner a nadie en peligro.

Paso de cebra (por Elliot Moore)

Los pasos de cebra son puntos donde los peatones tienen preferencia, algo que todo conductor aprende cuando va a la autoescuela y que desde pequeñitos se nos enseña -de lo poco que mamamos de seguridad vial- a cruzar un paso de cebra. La preferencia es del peatón a menos que haya un semáforo, un agente… que contradiga dicha preferencia. Nada nuevo bajo el sol.

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Curiosidades, Fiat, Radares, Reflexiones, Turismos, Vauxhall

Dos pequeñas historias que ocurrieron en el Reino Unido. Dan que pensar, ¿cómo podemos demostrar los conductores que en un determinado momento circulábamos a una determinada velocidad?

«Mi Fiat Punto 1.2 no coge 185 Km/h»

(*): Imagen ilustrativa, no es el coche exacto al que se hace mención

Fiat Punto Mk.I

Un estudiante fue acusado en 2004 por la policía de circular a 185 Km/h -sobre un límite de 112 Km/h (70 mph)- con su Fiat Punto 1.2. El jóven sabía que era imposible que su modesto utilitario de 55-60 CV fuese capaz de desarrollar tal velocidad, de modo que recurrió a un conductor profesional y a un circuito, para demostrar la velocidad máxima del coche.

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Reflexiones

En Junio de 2004, cerca de Mérida, circulaba un Mercedes a más de 160 Km/h. Tal vez el conductor era de esos que «a 120 se duerme», de modo que iba a un ritmo más alegre. En un instante, le entró la modorra y cambió 2 carriles rápidamente, perdió el control del coche, se saltó la mediana y colisionó contra otro vehículo que iba en sentido contrario. Murió el acompañante de este señor, y además, 4 seres inocentes.

José, Cristina, David y Miriam

Se llamaban José, Cristina, David y Miriam; los chicos eran hermanos, y ellas, sus respectivas parejas. Tenían toda una vida por delante, pero se cruzaron con la fatalidad en forma de conductor «bala» que se quedó dormido. Podríamos pensar que a 200 Km/h habría ido más espabilado el hombre, pero no, el que se duerme a 160 Km/h, se va a dormir igual a 120 Km/h, solo que si se duerme a 160, mucho peor.

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