Casi nadie, por no decir absolutamente nadie, se acerca acuerda de su nacimiento. En ese momento, llorábamos, estábamos rodeados de gente de blanco y no teníamos capacidad de raciocinio. En cambio, unos pocos han experimentado una sensación por una parte horrible, por otra parte una bendición: volver a nacer.
Es una experiencia que no recomiendo a nadie, la sufrí una vez, cuando tuve un pequeño accidente, en el que sólo estuve involucrado yo mismo. En esos momentos, pasa toda tu vida por delante de tus ojos y luego cuesta mucho dormir. Te pellizcas para comprobar que estás vivo y le das unas cuantas vueltas hasta que «pisas el suelo». Pero vives, puedes contarlo, y a partir de ese momento, algunas cosas cambian, normalmente para bien.
Es triste, pero hay gente que no aprende hasta ese momento, cuando ya se toma las cosas de otra forma. Quien no aprende de la experiencia, es un caso perdido. La vida nos da una segunda oportunidad. Os presento un hecho real, con protagonista real, nada de anuncios de la DGT:



