
Ya han pasado al menos dos noches que he soñado con él y no puedo quitármelo de la cabeza. Me está atormentando. Lleva llamándome durante años, nuestro primer idilio fue en 1991, cuando me subí en uno por primera vez. Por entonces yo no llegaba a los pedales.
Su línea inconfundible, faros escamoteables, esa presencia, tracción trasera, sus motores… y veo que a día de hoy no me costaría un esfuerzo excesivo hacerme con uno. Hablo evidentemente del Toyota Supra Mk III (1986-1992), uno de los coches más bonitos que ha parido esa marca en su vida.
De momento me tira para atrás que es una pequeña locura, pero es una locura con fundamento. Hasta que me llegue la pasta para comprarme un híbrido no es una locura gastarme unos 6.000 euros (por ahí anda la cosa) en un deportivo de los años 90 como Dios manda.
Imagino que es un modelo que no gasta precisamente poco. No hay problema, se transforma para funcionar con GLP y ya me importa un huevo cuánto gaste, me saldría como un diesel de 100 CV. He visto más de un anuncio entre 4.000 y 10.000 euros de esta jodida preciosidad.




