Llevo años diciendo que el modelo del «todo gratis» no funciona. Y no funciona porque siempre hay alguien que paga las cosas, porque hay gastos ineludibles. En Internet no hay nada gratis, empezando por la mera modalidad de acceso: todos pagamos por entrar a Internet, aunque se nos olvide cada mes cuando nos pasan el recibo.
Pero una cosa es entrar y otra navegar por ella. Que tantos medios de comunicación hayan empezado a cobrar a los que rechazan las cookies publicitarias, o simplemente a los que quieran ver sus contenidos, era algo que iba a pasar sí o sí. Eso no se mantiene gratis, o se paga por su uso de forma monetaria, o aceptando publicidad segmentada o no. Vivir solo de la publicidad es extremadamente difícil.
Estimado lector, salvo que me suenes mucho o haya hablado contigo, sentiré decepcionarte al decirte que tus datos no me interesan. Me da igual cómo te llamas, con quién te acuestas, el credo que profesas o qué has hecho antes de visitar esta web. En serio, me es indiferente. Esa información no la toco. Me limito a pedir direcciones de email reales para poder responder a los comentarios o peticiones de algún servicio que yo preste. Lo demás no me importa, ni lo necesito saber.
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