Con noticias como la del conductor del A8 que fue sorprendido a 260 Km/h, se pueden ver muchos comentarios de gente preguntándose por qué los fabricantes venden coches que pueden ir tan deprisa si por otro lado, no te dejan pasar de 120 Km/h, con la complicidad del estado, que se lleva beneficios por las cargas impositivas al automóvil.
Pues bien, vamos a analizar esto friamente. Un motor de explosión normal gira hasta unas 7.000 RPM; 5.000 si es un diesel (combustión). Si sólo contásemos con la primera velocidad, difícilmente pasaríamos de 90 Km/h, pues el motor gira muy deprisa, ya en el corte de inyección, y el ruido y el consumo se hacen insoportables. Por otro lado, si la relación fuese muy larga, el coche no podría arrancar desde parado, que es lo que más le cuesta.

De ahí la necesidad del cambio de marchas, que en función de las prestaciones que sean necesarias, elegimos una relación u otra. Lo normal es que desde la 1ª hasta la 3ª, el motor gira más revoluciones por minuto que las ruedas (relación corta). La 4ª y 5ª (o 6ª en su caso) velocidad hacen que el motor gire menos que las ruedas (relación larga). El diferencial anula el exceso de vueltas para aumentar el par a las ruedas, de modo que, al final, estas no giran más rápido que el motor.
Las relaciones cortas benefician la aceleración, y las largas, la velocidad máxima, junto a menor consumo, menos ruido por menos revoluciones, menos vibraciones…
