Los conductores catalanes seguramente conozcan o hayan sufrido la N-II en la zona del Baix Maresme, pues es la carretera de esa Comunidad Autónoma con más puntos negros a lo largo de su trazado (6 de 10). La siniestralidad de la vía es algo que habían denunciado muchas personas, pero debido a trágico suceso, por fin hay una reacción de la administración, pero, ¿qué ha ocurrido?
El pasado 8 de febrero murió en un accidente el alcalde de Premià del Mar (Barcelona), de 51 años, que circulaba en su motocicleta cuando colisionó con un turismo. Jaume Batlle fue uno de los alcaldes más activos en la denuncia sobre la insoportable sinietralidad de la carretera N-II. Y ahora que ha muerto, por fin se toman cartas en el asunto.
El mismísimo director del Servei Català del Trànsit se ha comprometido a actuar «de urgencia», aunque las actuaciones llegarán en junio. La Generalitat mejorará las señalizaciones, procurará limitar la velocidad a 70 kilómetros por hora en los tramos interurbanos, instalarán más radares de control de velocidad y más controles policiales, aunque la carretera es competencia de Fomento.
La muerte de cualquier persona es un suceso triste, pero más triste aún es que todos los muertos que cayeron antes en esa carretera no fuesen escuchados, y ahora que cae «uno de los suyos», se ponen en marcha. ¿Hace falta esperar a que un político muera en un punto negro para que lo arreglen?
Fuente: 20 Minutos




