A través de Historias de la Historia me he topado con un episodio del acontecer que debería hacernos reflexionar un poco. Por lo visto, en el antiguo Egipto no se andaban con leches cuando había que condenar a un conductor de carro tirado por caballos por haberse emborrachado y causar daños a terceros.
Un papiro cuenta la sanción que puso un juez a un conductor ebrio que chocó contra una estatua y acabó con la vida de una niña. El infractor fue colgado en la taberna donde se había emborrachado (muy probablemente con cerveza), y se quedó ahí hasta que los animales carroñeros no dejaron ni las sobras. Fue una de las primeras sanciones de tráfico de las que tenemos noticia.
Bajo el prisma del Siglo XXI eso nos puede parecer una auténtica animalada, digna de un pueblo sin evolucionar, pero pensémoslo de esta forma: si esa fuese la condena por beber y causar daños a terceros, ¿habría tantos accidentes siniestros viales como hoy por alcoholemia, o prácticamente nadie se la jugaría? Creo que más bien sería lo segundo. Posiblemente no exista ningún documento -o haya sobrevivido- que muestre estadísticas de accidentalidad de hace 2.800 años en aquel reino, pero sería revelador conocer el impacto de semejante sentencia.
Un sistema legal garantista tiene sus huecos. El hombre moderno prefiere más laxitud, y que nadie pague con su vida por un error tan grande. Dejo para reflexión interna del lector qué sistema legal es más eficac en la prevención de siniestros viales relacionados con el alcohol.



