Imagen retirada
NOTA: La imagen antes mostrada no tiene ninguna relación con los comportamientos que se van a enumerar a continuación. Simplemente representan de forma fisica la profesión del periodismo automovilístico y aquí se acaba todo. Nada de lo que venga a continuación tiene relación alguna con ningún medio en concreto, ni ninguna persona identificable en concreto. Tampoco este texto tiene como objetivo describir a un grupo mayoritario ni completo de periodistas del motor, sino que pone el dedo en la llaga en comportamientos concretos y acotados, sin querer hacer ningún agravio a los compañeros del ramo. Hago esta aclaración a raíz de los últimos comentarios, en los que varios periodistas me han trasladado su disconformidad con mis palabras.
Quisiera compartir con vosotros una reflexión en base a unas experiencias propias y a otras que he oído (y que no debía haber oído). En la profesión del periodismo del motor, ya sea en el ámbito profesional o en el de semiprofesional, hay mucha gente preparadísima, amante del motor y de su trabajo.
Como en cualquier grupo formado por seres humanos, hay manzanas podridas. No hablaré de aquellos que no tienen ni idea de lo que escriben, que son un caso aparte, sino de aquellos que por argumentos muy discutibles, han sobrepasado la barrera de la ética profesional.
Sucedía más a menudo en el periodismo del motor hace unos años, cuando ni la seguridad vial era una tendencia, ni una preocupación. Basta con leer pruebas antiguas para saber las burradas que se hicieron en pro del periodismo del motor y que no eran necesarias, e incluso, pasarían por inaceptables.
¿Aporta mucho en una prueba que se ha conducido un coche «a tope» durante horas y cientos de kilómetros? Podemos pensar que lo hicieron para comprobar la fiabilidad, a ver si el coche se rompía o no. Yo lo veo más bien como un acto de riesgo gratuito e innecesario para hacer una prueba más elaborada o más precisa.
Continue Reading